RESUMEN
Hace alrededor de diez a quince años, una gran cantidad de niños se desplazaban por las principales intersecciones de la ciudad del Gran Santo Domingo, en el Distrito Nacional, así como en las principales vías de las provincias principales, limpiando los cristales de los vehículos que esperan el cambio del semáforo en las esquinas.
Estos infantes pedían por sus “servicios” un peso oro dominicano, lo que acumulado durante la jornada diaria, era suficiente para la compra del “pan nuestro de cada día”.
Pero sucede que al acecho de estos niños, como si se tratara de un ave rapiña, estaban los “tigueres” más grandes que veían como estos se hacían de las monedas, que posteriormente llevaban a sus padres, para la cena, quizás.
Pero también organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en contra de trabajo infantil, veían con ojerizas estos niños en las esquinas y principales intersecciones buscando el sustento de sus familias.
En efecto, poco tiempo después estos infantes fueron sustituidos por los mayores, que ya no se conformaban con un peso oro, sino que pedían cinco y hasta diez pesos, siempre, “por sus servicios” de limpiar los vidrios en las esquinas, regularmente un servicio que el conductor o usuario nunca solicita, sino que tras la insistencia pertinaz del joven, que lanza una esponja mojada al cristal, hace casi obligatorio que tenga que limpiarlo.
Esto ha traído como consecuencias desgracias, como fue el caso ocurrido en la intersección de las avenidas Jiménez Moya y Sarasota, que culminó con la muerte de uno de estos muchachos limpiavidrios.
Pero, esto no termina allí, muchas mujeres conductoras especialmente por ser tan vulnerables son objeto de todo tipo de insinuaciones y amenazas, lo que amedrenta a estas y vulnera su derecho de transitar libremente en las calles y avenidas.
Dos mujeres periodistas han sido víctimas y han resultado hasta con los cristales rotos.
Una de las medidas anunciadas por la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) posteriormente a estos incidentes ha sido la de “sacar” de las calles a estos mozalbetes, que no hay ninguna duda, se han convertido en un gran estorbo en las principales avenidas de esta ciudad de Santo Domingo y en las principales vías de Santiago y otras provincias.
Sin embargo, sacar a estos muchachos de las calles no ha sido ni será la solución a este grave problema social, si no le buscan qué hacer a estos muchachos.
Escuché que el alcalde de Santiago, está ofreciendo trabajo en el ayuntamiento de ese municipio a los muchachos limpiavidrios que, primeramente, fueron censados para saber de qué número estamos hablando, cosa que hace la diferencia. Porque no es lo mismo sacar a un muchacho de la calle, sin ofrecerle nada a cambio, ya que esto los obligaría a ir, entonces, a las mismas calles, pero a delinquir.
¿Cuál es, entonces, nuestra propuesta? Fácil, cada uno de los gobiernos municipales démosle la oportunidad a estos jóvenes para que trabajen. ¿Cómo? Creando por ejemplo lavaderos de carros públicos, para lo cual se utilizarían terrenos ubicados en el mismo centro de las ciudades para que tanto los choferes como los muchachos tengan acceso con facilidad.
Esta es una idea de tantas que pueden ocurrírseles a los alcaldes de cada una de las ciudades del país que están sufriendo por este problema.
Si sacamos a los muchachos limpiavidrios, sin ofrecerle una alternativa, estarán allí nuevamente en menos de lo que canta un gallo y eso no es lo que queremos.
