“Mi hijo es un delincuente”

Por Arelis Garcia sábado 11 de noviembre, 2017

¿DE QUIÉN ES LA CULPA: de la Escuela o la Familia? Desintegración familiar, delincuencia juvenil, abuso infantil, droga dicción, embarazos en adolescentes, etc.

Muchas veces cuando escuchamos en los diferentes medios de comunicación sobre este conjunto de problemáticas sociales, presentadas en la mayoría de casos como noticias de último minuto con el único propósito de despertar el morbo, pero sin ninguna intensión de aportar en la solución a través de la orientación oportuna a quienes entran en contacto con dicha información. Y esto me ha provocado -como madre y profesional en el tema de familias- que me indigne y llene de reacciones.

Por lo general, es más fácil para las familias que son afectadas directamente por alguno de estos flagelos culpar las autoridades de turno de todo lo malo que pasa en nuestro entorno familiar y social, debido a que vivimos del paternalismo político (cualquier tipo de gobierno o régimen). NADA MÁS ERRÓNEO que dicha actitud.

No es el Estado quien está llamado a formar los seres humanos que nacen, crecen y se desarrollan en el seno de una familia en particular. Los valores éticos y morales no se enseñan utilizando recursos materiales, ni es necesario estar provisto de todo lo que hoy día en su mayoría la gente considera importante para criar saludablemente en cuanto a conducta se refiere. La delincuencia ha llegado a permear todos los estamentos y círculos sociales de nuestro país, pero su origen está claramente identificado como una carencia de formación familiar. Cuando hablo de carencias, no me refiero a la falta de de techo, abrigo o alimentación: se lo atribuyo de manera directa y responsable a la falta de una normativa integral que se le inculca al individuo desde que entra en contacto consciente con su realidad y entorno, siendo los responsables directos mamá y papá.

La Familia no tiene un mes especifico para recordar que debemos trabajar cada día como padres responsables para mejorar nuestro desempeño familiar, pues desde que decidimos unirnos a otra persona con el propósito de tener hijos y mantenernos unidos por siempre, estamos llamados a comprometernos para que nuestra familia se desarrolle como verdadero hogar, no como un domicilio donde sólo convive un grupo de gente.

Ejemplo:

Cuando quieres algo, se dice: por favor.
Para utilizar algo que no es tuyo se pide: permiso.
Cuando los mayores hablan debemos de escuchar antes de: contestar.
Lo ajeno se respeta siempre.
La hora de llegar a esta casa es….
Sabes que debes hacer tus tareas antes de ir a la: escuela.
Sólo son algunas de las reglas sencillas y básicas de formación con la que desarrollábamos individuos responsables y con carácter hace varias décadas.
Y me pregunto: ¿Por qué se ha perdido?

Hoy día ese dialogo tan básico, pero que a su vez se instalaba en la memoria del niño y que posteriormente se transformaba en conducta apropiada, no existe. Es mejor jugar a la pelota, culpando a la escuela, al vecino, al presidente, a la tecnología: dicho de otra forma, a todo el mundo menos yo.

Un delincuente no nace, se hace.

Y los arquitectos por excelencia para ese tipo de individuo somos los padres, y tenemos que tener claro que esto no tiene que ver con el tipo de familia a nivel de estructura en la que se desarrolle el individuo: la familia puede ser nuclear, mono-parental, extensa o tipo ensalada, sino de lo que dentro de ese seno haya aprendido por modelamiento de los adultos que conviven con él.

La escuela como institución está llamada a fomentar los valores, reglas y principios que los individuos traen desde sus hogares, al mismo tiempo educar sobre las bases de la ciencia, cultura, tecnología y otras herramientas que sirven para desarrollar personas útiles y productivas para el país. Desde la escuela se impulsan proyectos de vida para que los niños, jóvenes y adultos que entran en contacto con estos, puedan desarrollarse integralmente y puedan reproducir familias saludables. Pero repito: conducta y carácter vienen desde el hogar.

Mamá y papá, son ustedes los llamados a insertar en la mentalidad de sus hijos esos valores morales, éticos y sociales que darán como resultado hombres y mujeres de bien, con la capacidad de transformar a través de la formación y educación los destinos de las familia; pero de igual manera, capacidad de transformar los destinos de las familias dominicanas en las venideras generaciones.

Si te interesa aprender a desarrollar una familia saludable, contáctame.

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