El aborto, una práctica diabólica, cruel y criminal

Por Enrique Aquino Acosta

¿Qué habría pasado si las madres de las mujeres y de los hombres que promueven la práctica del aborto los hubieran abortado? Indiscutiblemente, no habrían nacido, no habrían crecido, no se habrían multiplicado ni existieran en la sociedad.

Por eso, resulta errado que un grupito de mujeres, que no representa el universo de la población femenina dominicana, presione al Congreso Nacional y exija, frente al Palacio de Gobierno, que se modifique el Código Penal para que se despenalice la práctica del aborto.

Además, saben que violan los artículos 1, 2 y 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Artículo 37 de la Constitución Dominicana sobre el derecho a la vida, desde antes y después de la concepción, como es el caso de una criatura que esté dentro del útero materno.

Amigos lectores, los verdaderos motivos por los que muchas mujeres abortan no son los que ellas alegan. La mayoría de ellas abortan debido al desenfreno ético, moral y sexual en que viven, el cual se manifiesta mediante la fornicación, el adulterio y otros actos pecaminosos.

De igual modo, influyen la política que auspician los organismos internacionales (ONU, UNION EUROPEA, ONGS) para controlar el crecimiento de la población mundial en las familias más pobres, el ejercicio de la Medicina al margen de la ética profesional y un factor espiritual que es sumamente preocupante: Satanás ha querido matar siempre a los niños y ejecuta su plan a través de los gobernadores de las tinieblas, del personal médico y de las propias mujeres (Éxodo 1:15-22; Mateo 2:13, Efesios 6:12)

En vista de ello, hay que mantener la penalización de la práctica del aborto, porque viola la Ley de Dios, en cuanto a extinguir la existencia y crecimiento de la raza humana y porque viola la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Constitución de la República y otras leyes relacionadas con el derecho a la vida.

Si se despenaliza la práctica del aborto se incrementarían la fornicación, el adulterio y la infidelidad sexual dentro del matrimonio y numerosas criaturas inocentes e indefensas seguirían pagando por la culpabilidad pecaminosa de muchos hombres y mujeres.

Por tanto, se sugiere a las personas que enarbolan las llamadas “tres causales del aborto” que se arrepientan públicamente de querer violar el 5to. Mandamiento de la Ley de Dios, que prohíbe matar y de solicitar licencia para matar a criaturas inocentes e indefensas que no deben pagar por sus pecados sexuales.

Mujeres dominicanas y del resto del mundo, antes de salir embarazadas, elijan si realmente desean parir o no. Si no lo desean, eviten sostener relaciones sexuales fuera del matrimonio y en consecuencia, tener que recurrir a la práctica diabólica, cruel y criminal del aborto. Para tales propósitos, pidan a Dios con fe, que ponga en ustedes desear eso y hacerlo.

 

Por Enrique Aquino Acosta

 

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