Arte electoral

Por Ricar Rodríguez jueves 23 de enero, 2020

“La política es la ciencia más pura y más digna, después de la filosofía” –Juan Pablo Duarte-

En el digno ejercicio de la política pasamos el tiempo, prácticamente todos los días, teorizando respecto al cómo se debe manejar la cosa pública, educándonos, desarrollando ofertas al pueblo, creando un gabinete competente y formando estructuras para realizar los trabajos electorales de cara a las elecciones. Esto resume, básicamente, la actividad de un partido en oposición.

En el poder la dinámica es diferente, puesto que para conservar el poder el partido debe ejecutar bien las ofertas hechas en oposición y mantener lo que algunos teóricos de la política llaman “triángulo de gobierno”, que no es más que la gobernanza, plan de gobierno y capacidad de gobierno. Pero también se mantiene creado y fortaleciendo estructuras locales para garantizar la victoria electoral.

Rudyard Kipling en su icónico poema “If”, plantea que debemos ser capaces de arriesgar todo en un lanzamiento, y si perdemos empezar de nuevo desde el principio. Esto es lo que define la práctica política, porque duramos cuatro años, en oposición, o en el gobierno, haciendo el trabajo requerido para que la sociedad elija sus representantes en un solo día.

En nuestro país, las elecciones están en manos de la Junta Central Electoral, órgano constitucional encargado de organizar el proceso de elecciones y de garantizar la transparencia del mismo. En los años 2018 y 2019 se promulgaron dos leyes que hicieron que la JCE reorientara las formas en que estaba acostumbrada a hacer los preparativos para que los ciudadanos ejerzan el derecho al voto.

La Ley de Partidos Políticos, hizo que la JCE organizara las elecciones internas de los partidos, según el método que escogieran, embarcándose en un intenso proceso nunca antes vivido en República Dominicana.

La militancia, en primarias cerradas u otros métodos de elecciones con registro propio de cada institución, o la ciudadanía, con padrón abierto, escogió a los candidatos de cada organización política.

Mientras que la Ley Electoral promete ser un instrumento tranquilizador para la ciudadanía dominicana, siendo definida, no como perfecto, pero si “posible”.

Entre los pendientes para la aplicación de esta novedosa ley, está la designación de un fiscal electoral, que se encargará de procesar los dañinos delitos electorales.

La clase política, y los opositores, debemos estar vigilante ante la designación de tan importante cargo, porque es una de las herramientas que tenemos para disminuir los vicios el día D.

Las maquinarias electorales de los partidos están más activas que nunca, porque además de que estamos en un periodo de pico en actividad política, se siente un ambiente de CAMBIO en los distintos niveles del gobierno dominicano.

Siendo casi irreversible el resultado que se vislumbra en el panorama, es nuestra tarea consumar esto siguiendo dando pasos firmes, convenciendo a más personas de que Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno son la vía de recuperar lo que es del pueblo y haciendo que las estructuras locales del partido trabajen de forma prístina.

Las estrategias, las capacitaciones, la militancia y dirigencia compactas, en fin, todos los trabajos políticos se concentraran este febrero y mayo, y ahí, en esos momentos en que los ciudadanos estén solos con su conciencia y una boleta electoral en frente, es que se medirá que funcionó: la labor del gobierno actual, o la esperanza de cambio, pero más aún, se pondrá en juego el futuro de la nación.

Tomando en cuenta que cada voto es igual que el otro al momento de contar, y que el laborantismo político nunca cesa, puedo decir con firmeza que el trabajo electoral es un arte.

Por Ricar Rodríguez

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