¡El socialismo democrático es la vía!

Por Ricar Rodríguez jueves 29 de octubre, 2020

El capitalismo como concepto tiene múltiples interpretaciones, se percibe y asume por lo general según la construcción social de la persona “buena” o “mala”, y su axiología como “factible” o “inviable”. Claro, todo desde la mirada subjetiva del ser humano.

La política está estrechamente vinculada con la economía, pues, los políticos somos los que administramos, o aspiramos a administrar los recursos del Estado, y siendo estos pertenecientes a todos los ciudadanos de un país, es lógico que según la visión de quien esté al frente de las instituciones estos se aplicaran.

Con la Revolución Francesa se “termina” la hegemonía del poder, que estuvo concentrado en un sector, y los tratadistas de la época crearon nuevos conceptos de cómo, idealmente, se debe manejar la cosa pública; una de las cosas que más marcó fue la división de la ideología política entre derecha e izquierda, que no fue más que la separación física dentro del parlamento francés entre los que favorecían a la burguesía y al proletariado.

En ese momento comienza una lucha sin cuartel por la administración de la cosa pública, surgieron liderazgos en ambos extremos y basándose en retoricas contrapuestas libraban sus batallas, que en algunas partes del mundo llegó hasta a la toma de armas.

Mientras van cambiando las generaciones, los conceptos ideológicos de izquierda y derecha van evolucionando; de un lado nacen el comunismo y socialismo y del otro el fascismo y nazismo. Pero la axiología de estos extremos hizo que los intelectuales mutaran esas concepciones políticas tradicionales, concediéndole tonalidades intermedias para la implementación de las mismas.

Mientras la derecha comienza a implementar políticas de beneficio popular, la izquierda flexibiliza su accionar ante el mercado. ¡Nacen las ideologías de “centro”!

En Europa la socialdemocracia busca redistribuir, de forma justa, las riquezas de un capitalismo desarrollado, y en Latinoamérica las políticas se inclinan, en amplia mayoría, a un capitalismo salvaje, donde el mercado es quien marca las reglas, mientras los Estados se ven minimizados por este monstruo.

La centro izquierda latinoamericana respira por pensadores como el Doctor José Francisco Peña Gómez y Rodrigo Borja, quienes entienden la coyuntura socioeconómica de la región y adaptan la socialdemocracia a nuestra realidad, la “aplatanan”.

Con una economía básica, donde la industrialización es mínima, por consecuencia la transformación de los insumos es casi nula y el desarrollo socioeconómico de los pueblos casi imposible, estos pensadores incuban el socialismo democrático, que busca desarrollar el capitalismo para luego redistribuir los recursos de forma equitativa.

Algo esencial es que las ideologías están vivas, o sea, que van evolucionando según van cambiando las circunstancias, pero nunca pierden sus valores, que son los pilares que sostienen las ideas políticas que buscamos implementar en los espacios de poder. Esas utopías que le dan sentido a las luchas de los pueblos.

Quien afirma que las ideologías no existen se equivocan y quienes buscan la implementación de un capitalismo salvaje lo que hace es daño a la economía y al mismo capitalismo, porque solo cuando existe un Estado fuerte, que ponga las reglas claras y procure la igualdad de derechos, la justicia social y garantice la seguridad y soberanía nacional es cuando un pueblo está en verdadera vía de desarrollo.

El socialismo democrático que trajo el Dr. Peña Gómez, con la magistral invitación a su implementación mediante el Gobierno Compartido, y que doña Yvelisse Prats le enseñó a múltiples generaciones, si lo analizamos detenidamente, en acciones adoptadas por nuestro Presidente, Luis Abinader, se ven reflejos de estas ideas progresista, que han mutado pero se mantienen vigentes.

Cuando el programa del Gobierno Compartido enarbola la idea de dirigir los destinos de la nación junto a distintos sectores del país, desde cierta perspectiva se aplica a los que hasta ahora ha hecho el Presidente Luis Abinader. Al incluir en la administración de la cosa pública a empresarios, intelectuales, políticos, activistas de la sociedad civil y a jóvenes profesionales inquietos, el Primer Mandatario ha configurado una aceptable representatividad.

La clara implementación de lineamientos ideológicos son importante en todo gobierno, y más cuando una amplia mayoría de la sociedad civil confía en que este sea un gobierno con valores y cercano a la gente.

Quizá las utopías son imposibles de alcanzar, pero son los modelos que debemos perseguir para poder avanzar día a día. Los valores ideológicos que nos heredan los políticos decorosos, que lucharon tanto por la democracia de nuestro país, que soñaron con un gobierno decente, democrático y capaz, debemos ponerlos en práctica y multiplicar la vocación al estudio y debate de las ideas, puesto que la vocación política sin un porque ni para qué, es vacía.

Si continuamos democratizando la cosa pública, construyendo un capitalismo consiente, fortaleciendo los valores tradicionales de nuestro país y caminando, sin detenernos, hacia la utopía soñada, República Dominicana por fin será garante de dignidad, desarrollo y progreso de todos los ciudadanos.

¡El Socialismo Democrático es la vía!

Por Ricar Rodríguez

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