¿Se va cerrando un ciclo político?

Por Francisco S. Cruz sábado 19 de octubre, 2019

No tengo duda de que sí. De lo que no estoy seguro es que nuestros líderes y actores políticos se enteren. Quizás, el Presidente Danilo Medina -al declinar intentar su re-postulación o reelección-, lo instituyó, pues me temo que será, de los líderes tradicionales, que quedará mejor valorado en la historia contemporánea dominicana al regentear dos avances claves en la sociedad dominicana: a) haber realizado una obra de gobierno cercana a la gente y enfocado en la agenda social; y b) propiciar un relevo del liderazgo en su partido. Esas dos realizaciones, lo consagran y lo catapultan, en los anales de nuestra historia, como estadista y demócrata sin macula.

Lo de que se cierra un ciclo histórico político-electoral, se percibe hasta en el aire. O no basta observar cómo fuerzas ultraconservadoras articulan un discurso de barricada siendo la antítesis de cambio o renovación, no digamos de revolución. O mas sintomático, auscultar en lo imponderable de un líder –respetable- correr la estrategia equivocada, desafiar y marchar contra su propio partido cuasi dirigido por una minoría trujillista y unos kamikazes –mediáticos incendiarios- que cuando pudieron exhibir lo que pregonan se fueron de bruces en plena vía pública (tristemente).

Estamos ante un panorama, en cierta forma, desolador, pues pronto nos debatiremos entre escoger lo que ha exhibido que puede hacer y generar –Gonzalo Castillo– y lo insípido (por no inspirar nada). Porque, ¿qué se puede esperar de un político aspirante que cifra su llegada al poder –huérfano de empatía e ideas innovadoras- en la división de otro partido? O de una tercera opción, que, de concretarse, sería retraernos al período histórico-convulso -1961-78- de caos, ajuste de resentimiento social, golpes, guerra y casería de brujas por todas partes.

Contrario, lo que auguro: es ése cierre de ciclo histórico de un liderazgo político que ya no da más, y la puja, por el poder, entre Gonzalo Castillo –un político para estos tiempos, gerencia efectiva y mirada segura al porvenir planificado- y, por otro lado, un Luis Abinader opaco y gris que no concita más que en el reducido espectro de un partido que, aunque de nombre Moderno, es viejo y no fue capaz de entusiasmar al millón y tanto de su militancia. Amén de ser un partido sin presencia nacional.

Del respetable compañero y ex presidente Leonel Fernández, qué más decir: que se conserve como una reserva y un referente de su obra de gobierno. ¡Vamos, no le haga caso a esos que quieren hacer triza su legado histórico, abrace a su compañero de partido –Gonzalo Castillo– y sea parte de la alternancia en el poder! ¡Digámosle no al odio!

Por Francisco S. Cruz

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