¿Qué ha pasado con la tradición oposicionista jerárquica-PLD?

Por Francisco S. Cruz

Se ha dicho, cierto o no, que un partido es lo que sus líderes hacen o dejen de hacer. Al respecto, Juan Bosch, 1973, fundó un partido de cuadros que devino en escuela política, quizás la única; y luego, partido de masas que rompió con el que fuera, por décadas, el bipartidismo -PRSC-PRD- a partir de 1986.

Desde la fundación del PLD -y en el ejercicio del poder 96-2000 y 2004-2020-, la organización que fundara el profesor Juan Bosch por ser un partido aguerrido y oposicionista (en su etapa de construcción-desarrollo y posicionamiento electoral); y luego en el poder, hubo momentos en que pareciera, dado los conflictos internos del PRD hasta su división definitiva en 2013, que gobernaba sin oposición y donde sus líderes-funcionarios (Comité Político en pleno) se hicieron figuras nacionales casi todos. En esa suerte de hegemonía política-partidaria y de presencia mediática algunos despuntaron como candidatos presidenciales, aunque, post-Bosch, eclipsados por Leonel Fernández y Danilo Medina. No obstante, la jerarquía-funcionarios peledeístas proyectaron sus nombres hasta el infinito, así fuese como eternos ministros y cuasi vitalicio miembro del Comité Político hasta el punto de no preguntarse, por mucho tiempo -prácticamente, hasta la derrota-2020-: ¿quién cuida el partido? Como le observara, según trascendió, un expresidente sudamericano, para más señas, chileno.

Hoy, fuera del poder, de esa vocería múltiple, diestra y siempre contestaria solo se escucha, con fuerza y contundencia, la del secretario general, la de los voceros del Senado y cámara de diputados, dos o tres figuras jóvenes y talentosas -como la del exministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Ariel Jiménez-, la ex vicepresidenta Margarita Cedeño y las de los dos precandidatos Francisco Domínguez Brito y Abel Martínez -el primero, haciéndose sentir por su discurso oposicionista y esperanzador-. Los demás, o están en silencio -modo avión- o sino ejercitándose para monjes tibetanos (quien sabe). Por supuesto, hay que hacer una mención necesaria y de justicia, sobre su presidente, Danilo Medina, que, como bien ha dicho, el secretario general, Charlie Mariotti, “mantiene un silencio estratégico”, y sabemos que desarrolla una apretada agenda diaria en constante y diarios encuentros con dirigentes de todos los niveles y demarcaciones y, sobre todo, en seguimiento permanente a todo el acontecer nacional.

No obstante, es tiempo pues, de que los demás líderes del PLD salgan al ruedo público a hacer lo que les toca y que su jerarquía le impone; o de lo contrario, que cedan sus puestos jerárquicos y permitan la emergencia de otra camada de cuadros y dirigentes que puedan dar la cara y hacer oposición. Porque como cantó el salsero Saul Marrero: ¿Quién dijo miedo?

Cierto que no es tan ventaja salir primero si los de atrás saben correr; pero tampoco es ventaja el silencio o enclaustramiento partidario -¡ya el IX Congreso concluyó!-. Ahora, toca implementar (con sentido práctico, oportuno y de realidades diversas); pero, sobre todo, mojarse y “si te toca te toca”, pero jamás dejar arma de reglamento cuando ya la guerra -campaña- empezó. ¿O es que todos, en algún momento, serán precandidatos? Lo dudo.

Lo que, si queda claro, por razones que pueden ser obvias o de cansancio, es que: no están presentes en el debate de la agenda nacional ni les están haciendo honor a la otrora tradición oposicionista que hizo posible -1986- romper el bipartidismo PRSC-PRD. Y eso tienen que revertirlo a cualquier precio -aunque haya que seguir aumentando los miembros del Consejo Consultivo-. Digo, si es que quieren volver a ser opción de poder con el precandidato que está proyectando mejor desempeño-proyección en términos de percepción pública, discurso oposicionista y potabilidad política-electoral de cara al 2024: Francisco Domínguez Brito.

 

Por  Francisco S. Cruz                    

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