Puerto Rico es responsabilidad Latina más que anglosajona

Por Gerson de la Rosa martes 10 de octubre, 2017

Reza una máxima “cuando arde la barba del vecino, tienes que poner la tuya en remojo”. Dice otra, “la sangre pesa más que el agua”. Todo lo anterior es a propósito de la actual situación puertorriqueña, los precedentes y los sucesos con las autoridades de la metrópoli colonizadora.

Durante mucho tiempo a los puertorriqueños le hicieron creer que eran un Estado libre y asociado de E.U. Muchos se lo creyeron. Un plebiscito reciente confirmó el deseo de ese pueblo en crearse la ilusión de ser un miembro en igualdad de la unión americana. La actitud de las autoridades norteamericanas ante la profunda crisis por la que atravesaban antes de ser azotados por el “huracán María” y las consecuencias de estos, le confirman como una mera colonia, a cuales habitantes ven como simples peones o parásitos, y, cuyo territorio es punto estratégico de control y dominación de una región muy rica.

¡Interesante, los boricuas pasan el Niágara en bicicleta, su colonizador no acude con la presteza que exige el momento y mucho menos permite la llegada de ayuda de sus verdaderos hermanos latinoamericanos! Una situación parecida es inimaginable incluso bajo la colonización española. El señalamiento vejatorio de la afectación del presupuesto norteamericano por la calamidad y el desagradable espectáculo de la tiradera de papel para la limpieza, por parte del presidente Trump, denota un profundo irrespeto hacia ese pedazo cobrizo latinoamericano, aun subyugado.

Es posible que en estos momentos muchos, muchos ilusos se hayan desengañados. La frecuencia en la cual hablan, se comprenden y descodifican ciertas actitudes, expresiones y meta mensajes entre los puertorriqueños y sus amos, dictan diferentes caminos entre los dos pueblos. Si existía alguna duda, la cruel realidad señala el rumbo para esa isla, que es al lado de sus otros hermanos de sangre latinoamericanos. Allí encontrará reconocimiento mutuo, solidaridad y acogida, y nunca se habrá de sentir al menos, mucho menos extranjera.

El arrebato de Puerto Rico a España significó, para los Estados Unidos su coronación como metrópoli colonizadora. Fácilmente la notoria indiferencia ante las vicisitudes presente refuercen esa ansia dormida en la población boricua de recorrer su propio camino, lejos de quienes no los considera. La más pequeña de las Antillas mayores tiene en su seno sangre de prohombres que enorgullecen a sus otros hermanos latinos. Es momento de que florezca esa bravura opacada por el egoísmo y el ventajismo de aquellos vende conciencia de su patria.

Ni cien huracanes María, mucho menos las crujías actuales y las del porvenir, podrán eliminar la esperanza de ese noble pueblo constructor de su vida en el trayecto de los huracanes. Ahí tiene a sus consanguíneos quienes seguramente aminoraran sus tropiezos con asesores.  La complacencia de su gente, el cambio de la orientación de su economía, se hará menos traumático acompañados. Sin duda, será necesario un cambio de actitud de esa juventud ahogada en si misma en la vorágine creada con las drogas, los golpes pélvicos, la música urbana y la indiferencia hacia los otros y su nación.

Es oportuno darle cabida a la noble idea del “Antillanismo”, que unió a los más conspicuos individuos de nuestras islas en momentos aciagos. Sin Puerto Rico, la verdad, estamos cojos. La solidaridad mutua fue la principal enseñanza de aquellos visores de la verdadera libertad de nuestros pueblos. En el uso de la unidad para contrarrestar el poder opresor externo, sembraron todas sus expectativas de sobrevivencia, sostenibilidad y progreso de los antillanos. Los intereses egoístas de sectores minoritarios de poder, a fuerza, inclinaron la balanza hacia los explotadores. Nos encontramos con una nueva oportunidad para renovar esos lazos.

Aunque una derecha despiadada y neoliberal se abre paso, apoyada por Estados Unidos, en los países de América del Sur, confiamos en el empuje de esos pueblos para enlazar la idea de unidad de Bolívar, con la de Betances, Luperón, Hostos, Martí y otros, contra el abusador del Norte y todos sus mayorales en nuestros países. El futuro de esa ala, como cantara la poetisa Lola Rodríguez de Tío, debe ser completada. Es responsabilidad de todos los latinoamericanos coadyuvar a la complementación de esta tarea. El gringo manipulador siempre estará a favor, como sucede, en el estrangulamiento económico de la isla para empujar a sus habitantes al exilio al continente.

Por mayor que sea la dependencia y la presión de esa metrópoli sobre nuestros países, hemos de advertirle nuestra indisposición a permitir ciertas vagabunderías. Juntos, en actitud de defender nuestra individualidad y espacio, debemos pedir explicación, por su negativa a que fluyera ayuda a nuestros hermanos que hoy sufren, si como dicen, para ellos, la isla está tan lejos.

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