La revolución educativa dominicana y la intelectualidad

Por Gerson de la Rosa viernes 29 de septiembre, 2017

No siempre las expresiones denotan lo dicho. Esta situación es notoria especialmente cuando priman sobre ellas intereses egoístas marcados. A veces, una simple reflexión descuidada nos refleja, frente a nosotros mismos, por confiados, inocentes o dejados, como orejudos burros. En el mundo de hoy esto es cada vez más manifiesto: nos hacen creer o relacionar los intereses de los que manejan los hilos del poder por nuestro deseo más intrínsecos.

Esta es la situación creada en torno a la llamada “Revolución Educativa”,  de la cual hoy tanto se habla .Una revolución entraña un cambio radical, deseado o, por lo menos, en favor de la mayoría. Desde finales del primer lustro de la década del noventa del siglo pasado, sólo hemos visto, en este tenor, tamborazos y manipulaciones. Pocos momentos, en esta, la opinión de la colectividad y de los “expertos” han confluido: recordamos la gran consulta nacional al principio, y, la lucha por el cuatro por ciento.

Tal vez por su capacidad de observación, percibimos una manifiesta actitud de desinterés muy penosa de parte de la intelectualidad en este tema. Su desidia, ante este crucial problema, por lo que implica, ya es criminal. ¿Acaso superamos todas las dificultades con aquella pequeña oposición sobre los libros de textos? Diversas lecturas se desprenden de esta inercia. El posible celo a contribuir a la formación de una camada de individuos críticos y comprometidos socialmente. Este es un reto interesante a presentarse en algún momento.

Todas las situaciones penosas, de desarrollo y convivencia actuales, creemos poderla superar con más y mejor educación. A pesar de esto, se nos dificulta ponernos de acuerdo en la definición de educación, los ejes que deben sustentarle, escoger entre una reflectora de nuestra idiosincrasia o adaptable al ritmo egoísta, estandarizarte circundante. La aviesa indiferencia de los más preclaros individuos de esta sociedad, nos dejan a expensa de arribistas, vividores y políticos sinvergüenzas. De esta forma, seguro, perderemos todos.

Teorías burdas e irresponsables conspiran, igual que pasó con “nuestros locos y el veintiocho”, para desmontar el sistema educativo. ¡Claro, como este ha sido tan malo que los propulsores del desmonte “se reeducaron o reprendieron” para proponerlo, imposible esperar nada mejor! ¡Imagínense una educación formal carente del soporte identitario de a quienes va dirigida! ¿Será liberadora, se identificará con los deseos, anhelos y aspiraciones de la sociedad soportante?

Todos debemos involucrarnos en los retos presentes y futuros de la sociedad. No hacerlo, desechar las propias responsabilidades, debería, a la larga, ser juzgado socialmente. Ante una sociedad confundida, ofuscada en la borrasca de la lucha diaria por la subsistencia, la violencia generada por la lucha de intereses de poder y la inestabilidad creada por sistemas de salud y educación carentes de garantías, la intelectualidad debería deponer sus intereses particulares partidarios y adoptar posición siempre a favor de la nación, de las grandes mayorías.

Por la inclinación de la propuesta presentada, el sistema educativo se aboca a la eliminación rápida y total del elemento humanístico y al alzamiento del técnico o fabril. ¡De alguna parte tenía que venir esa indiferencia en corregir la creciente cantidad de escolares de cursos altos sin alfabetizar o semialfabetizados! Queda clara la miopía al valorar la “habilidad” por encima de la aplicación, la inteligencia, la disciplina y el trabajo. Sabrán nuestros intelectuales que si hoy tienen refugios como individuos de tercera en los partidos políticos, su desaparición pronta será total.

Los ataques despiadados al magisterio, a las universidades y a los formadores de estos, es una muestra del complejo de superioridad de quienes con esto  tiran por el suelo hasta las propias formaciones por ellos recibida. Es fácil deducir que si se forma mal a un pedagogo, sucede lo mismo con otras profesiones.

Siempre será más de lugar culpar a aquellos sin tiempo para defenderse. Detrás de esos ataque y la traída de profesores extranjeros esta la justificación para hacerse con buena tajada del cuatro por ciento. A otros sectores, le llegará su turno de ser desmigajados.

La prensa siempre estará presta para apoyar o encubrir a un sector favorito. Cualquiera que sea, siempre y cuando se le pague. Observe la jauría que se moviliza en torno a ciertos personajes que dejan caer “boronas”, por donde van o en ruedas de prensa. Ayer, fueron los “padres de familia”, luego, “los dueños del país”, hoy, son los “incapaces maestros. Nunca serán los que engullen las finanzas públicas, tampoco, los que sabiéndolo, reciben migajas y actuan peor que ellos, siendo sus defensores. Este dislocamiento debería ser explicado por aquellos con más lecturas, capacidad de raciocinio y atracción.

¡Señores, dejen la comodidad del vino y asuman su deber histórico y social! Representa tamaño error su acercamiento a posiciones prefabricadas y arribistas. ¡Es su hora de actuar!

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