RESUMEN
Desde la promulgación de nuestra primera Constitución, hecho ocurrido en fecha 6 de noviembre de 1844, en la ciudad de San Cristóbal, nuestra constitución ha sufrido cerca de 40 modificaciones, siendo la reelección presidencial uno de los temas más usados para promover dichas modificaciones.
A menos de 4 años de la última modificación, el tema de la reelección presidencial nuevamente vuelve al debate, trayendo consigo intranquilidad e incertidumbre a toda la sociedad dominicana.
Aquellos que promueven una nueva modificación constitucional que permita al Presidente Danilo Medina presentarse como candidato presidencial en las elecciones a celebrarse en el año 2020, no saben el daño que le hacen a la sociedad dominicana. Esto así, porque nada retrasa más el desarrollo de los pueblos que la inseguridad jurídica.
El mantener a una sociedad en estado de alerta, en nada beneficia al desarrollo de nuestro país. Es necesario que todos, de manera muy especial los actores políticos, comiencen a respetar las leyes, sobre todo nuestra Carta Magna.
La historia ha demostrado que ciertamente vemos a nuestra Constitución como un simple pedazo de papel, la cual puede modificarse y ajustarse a las necesidades del grupo de poder dominante en el momento. Los que así actúan no piensan en el terrible mensaje que mandan a los distintos actores sociales, económicos y políticos que convergen en nuestro país.
Da pena escuchar Ministros, Diputados, Senadores, entre otros, referirse a una nueva modificación constitucional con la facilidad con que se venden unos plátanos en el colmado. Sus ansias de permanencia en el poder son tales, que no les permiten reflexionar acerca de su comportamiento y declaraciones, los cuales son seguidos detalladamente por la sociedad. Vergüenza debe darles decir una cosa hoy y otra muy distinta mañana. Vergüenza debe darles que el pueblo sea testigo de cómo las lealtades políticas se muevan en la dirección de quien firme el decreto presidencial de turno.
Ese accionar no es más que una de las tantas causas que han generado la falta de credibilidad en el sistema político nacional, y de manera muy especial, en su clase política.
Esgrimir argumentos como “el pueblo tiene la última palabra” o “es que lo está haciendo bien”, es brindarle un espectáculo deplorable al país. Los llamados a defender la constitución son los primeros que se prestan a violarla.
No importa el nombre del presidente de turno, ni el del candidato que venga, el sistema establecido de 8 años y nunca jamás, debe ser respetado. Con este método se le da la oportunidad al Presidente que lo ha hecho bien de reelegirse y presentarse a un nuevo proceso, a los fines de continuar su obra de gobierno. Asimismo, con este método se promueve el relevo político evitando el caudillismo que pudiera dar paso a una nueva dictadura.
Ningún Presidente puede considerarse bueno si no ha dotado a su país de una solida institucionalidad, en la cual el proyecto de país trascienda a la figura presidencial.
En momentos como este cabe recordar la figura de Nelson Mandela, quien pudiendo reelegirse no lo hizo, dando paso a un nuevo Presidente en Sudáfrica. Con su accionar, dio el mayor ejemplo que puede dar un político que ostenta el poder, demostrar que el país y las instituciones están muy por encima de la figura presidencial.
Por el bien del país, no mas reelección.
Por Rafael Alfredo Marcano Guzmán
