La no reelección mató a Rafael Correa ¿se oye o no se oye?

Por Humberto Salazar martes 6 de febrero, 2018

Lo que ocurrió en el Ecuador el pasado domingo con Rafael Correa, el hasta hace pocos meses ¨niño mimado¨ de la política de ese país, es un ejemplo mas de que en Latinoamérica el presidente que se plantee por lo menos reelegirse, aunque pierda en el intento, está destinado a ser obligado, en el mejor de los casos, a una jubilación temprana, y en el peor, a ser perseguido y hasta ir a dar con sus huesos a la cárcel.

Solo han pasado nueve meses de la elección del Presidente Lenin Moreno en el país sudamericano, un proceso que se decidió en unas disputada segunda vuelta electoral, y ya el ex Presidente Correa fue echado del partido que fundó, Alianza País, por los mismos a quienes aupó al poder y se han convertido en sus peores enemigos.

El referendum realizado el pasado domingo, contra el que hizo campaña Correa y apoyó Moreno, dejó un mensaje claro; los ecuatorianos ahora no quieren la reelección de sus gobernantes, hace 5 años reeligieron con el 58% de los votos a Correa, lo que significa que el que fue líder del país por dos periodos de gobierno consecutivos tendrá un impedimento para presentarse a las elecciones en el año 2021.

Hay que hacer notar que Correa no se presentó como candidato de su partido por decisión propia, es decir nada le impedía buscar un tercer mandato, sin embargo decidió apoyar a otro candidato dentro de las filas de su partido, quien ¨ni corto ni perezoso¨, hizo uso de la máxima de que el poder no se comparte con nadie y despojó a Correa de lo único que sepulta a un político, que es la imposibilidad de volver al poder.

La muerte en política, con su epitafio, honores y flores; consiste en impedir por la vía que sea que una persona pueda aspirar a la presidencia de su país, esto porque la savia que nutre el árbol con que podemos comparar a un líder político, es la esperanza de que pueda llegar a ejercer el poder, y si se le despoja de esa posibilidad, pues simplemente no existe, no vive, no respira, técnicamente es un cadáver.

En los sistemas parlamentarios por ejemplo, donde los líderes de los partidos son quienes encabezan las listas que se votan para la composición de los parlamentos, y es sobreentendido que será el candidato a la jefatura de gobierno, en el caso de obtener los apoyos necesarios, propios o en alianza con otras fuerzas para convertirse en mayoría.

Nadie en España, para poner un ejemplo entendible, se atrevería a postularse como candidato a ocupar la cabeza de lista en las próximas elecciones del Partido Popular, que en este momento encabeza el gobierno con Mariano Rajoy, quien lleva cumplirá tres periodos al final de esta legislatura, que termina en el 2020 y ya se sabe que aspirará a un cuarto periodo de gobierno.

Solo que en nuestros países un sistema que muchas veces se parece a una ¨monarquía presidencial¨, obliga a los que llegan al poder a por lo menos intentar encabezar la boleta en unas próximas elecciones, porque si no lo hacen se quedan sin seguidores, y mas en la República Dominicana donde anular al presidente saliente es una de las primeras tareas de cualquiera que llegue a ocupar la famosa ¨silla de alfileres¨ de que habló Joaquín Balaguer.

Y no es un tema de soledad del poder ni nada que se le parezca, es que lo que ha ocurrido en nuestro país con los ex-presidentes, algunos en ejercicio como veremos a continuación, es algo para hacer pensar a quien ha pasado por el trance de suicidarse políticamente diciendo que no aspirará jamás, como ha ocurrido con algunos, o a buscar de la manera la candidatura de su partido a sabiendas de que un presidente en ejercicio siempre será un proyecto viable de poder.

No sabemos cuantos han pensado en el ex Presidente Antonio Guzmán, asediado por sus propios compañeros de partido, acusado de cuantas cosas se les ocurrió a los mismos que antes lo alababan, amenazado de ser traducido a la justicia por los que ganaron las elecciones, dirigentes de su propio PRD, y las consecuencias trágicas que trajo sobre su estado de animo una situación donde los malagradecidos fueron quienes tomaron la palabra.

¿Qué hubiera pasado si Guzmán hubiera impuesto su poder, usado la figura siempre respetada de la presidencia de la República, se hubiera impuesto como candidato nueva vez para el periodo de gobierno 1982-1986? ¿Hubieran huido sus seguidores como bandadas de pájaros a otros proyectos alternativos a su nombre? ¿Se hubiera encontrado solo en la barbería del Palacio Nacional donde finalmente y por mano propia decidió quitarse la vida?

Las respuestas a estas preguntas serán mas que especulativas, pero a cualquiera hacen pensar de que, aunque hubiera perdido las elecciones de Balaguer, algo muy remoto para esa época, nunca lo hubieran dejado solo porque era un proyecto de poder hacia las elecciones del año 1986.

El que mejor comprendió, porque su conocimiento de lo que es el pueblo dominicano era inigualable, era Joaquín Balaguer, por eso fue candidato hasta los 94 años de edad, ciego y con serias limitaciones físicas, sabía, por experiencia propia que su condición de ser ¨desde que nací un político de los pies a la cabeza¨, le impedía retirarse de la actividad política, porque esto significaría perder la vigencia que necesitó siempre poder influir en las grandes decisiones nacionales.

Tampoco quiso marcharse y jubilarse Juan Bosch, que fue candidato a la presidencia de la República mientras su cerebro tuvo la lucidez suficiente para entender el mundo en que vivía, incluso cuando sus facultades mentales comenzaron a disminuir fruto del Alzheimer de que fue víctima desde la década de los 80, se mantuvo como candidato, y casi es presidente de la República, aun en esas condiciones, al perder por un muy estrecho margen las elecciones de 1990.

Ese invento de estigmatizar la reelección presidencial, solo es buen argumento para los que no tienen posibilidad de llegar al poder, lo cierto es que lo ocurrido en Ecuador es lo mismo que ha pasado en Brasil con Lula, Argentina con Cristina, Perú con Ollanta Humala, Alan García Y Alejandro Toledo, Panamá con Ricardo Martinelli y hasta Alvaro Uribe en Colombia.

Cuando los turcos tomaron Constantinopla sus sultanes tenían una costumbre que para con los que dinásticamente debían sucederles, todos querían que su descendencia fuera de hijos varones, solo que a diferencia de los europeos quien heredaba el trono no era necesariamente el primogénito ni había una línea sucesoral previamente determinada.

Solo que los sultanes tenían una obsesión por mantener el trono, por lo que decidieron hacer aprobar la llamada ¨ley del fratricidio¨ por medio de la cual el gobernante tenía la facultad para asesinar a todos los hermanos y parientes que le pudieran disputar el trono.

El cenit de esta practica lo dio Memeth III, un sultán que cuando llegó al poder hizo llamar a sus 19 hermanos al acto de ¨besarle la mano¨, el mayor de ellos tenía solo 11 años y medio, hecho esto los puso aparte, los hizo circuncidar y posteriormente los mandó a ahorcar a todos.

Pero para asegurase aun mas el trono, hizo matar a sus 20 hermanas, también a dos hijos pequeños que habían nacido después de la muerte de su padre y hasta a todas las concubinas que pudieran quedar embarazadas.

Y es que muchas veces, como lo ha demostrado Ecuador este mismo fin de semana, lo único que vale en política es no dejarse echar a un lado con el argumento de que reelegirse es algo tan malo que nunca debería intentarse, el que se compra ese discurso esta condenando a verse solo porque la mayoría de sus seguidores lo abandonan en busca de mejor suerte con quien si se puede convertir en una esperanza de poder.

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