La devaluación de la figura presidencial; ahora “le sacan la lengua” 

Por Humberto Salazar miércoles 9 de junio, 2021

En el día de ayer, el Senador por la provincia Duarte Franklin Romero, que se definió como oficialista, le hizo una advertencia al Presidente de la República Luis Abinader, en el sentido de la actitud que tienen aparentemente sus subordinados frente a una decisión u orden con la siguiente expresión: ¨a veces creo que cuando el presidente da una orden, desde que da la espalda le sacan la lengua, porque las ordenes que da el presidente no se han cumplido¨.

Si eso lo dice un senador que se supone esta dentro de la estructura de gobierno, de todos es sabido que en este país los únicos que tienen derecho a requerir ayuda para resolver problemas de todo tipo con los funcionarios del gobierno de turno y  pertenecen al equipo oficial, debemos hacer caso a sus palabras porque implican una devaluación muy rápida de la figura presidencial, y esto es muy peligroso para la institucionalidad en la Republica Dominicana.

Esta misma semana, nos sorprendió ver a Luis Abinader, entregando una licencia de conducir a un motorista en lo que se anunció como un acto oficial, lo hemos visto cortando cintas de inauguraciones en supermercados, farmacias, locales comerciales y hasta dar un ¨primer palazo¨ para dejar iniciados los trabajos de unos carriles de retorno en la autopista Duarte.

Quiere decir, que este presidente esta en todas partes y ninguna, pues no se supone que la figura simbólica que tiene en nuestro país la presidencia esta para ese tipo de nimiedades y reuniones e inauguraciones sin sentido ni nivel suficiente que justifique su presencia.

Y no solo eso, este gobierno parece no tener voceros, la persona llamada a servir de voz frente el país ante cualquier situación de crisis, anuncio oficial o declaración publica, algo  que tenga que ser aceptado con seguridad por su importancia,  ha tenido que callarse por las burlas que se producen cada vez que abre la boca..
Pues para ser francos y directos, la vocería de la presidencia esta ocupada por una megadiva añeja traída de la televisión, sin ningún tipo de educación académica formal que la tipifique como capaz de manejar un cargo de tanta responsabilidad, pues no es lo mismo hablar por un gobierno y anunciar decisiones que nos afectan a todos, que leer ¨chuletas¨ y hacer musarañas en un programa diario que solo servía para entretener a personas aburridas en la noche dominicana.

Entonces hay evidentemente una devaluación de la figura simbólica de la presidencia de la República, y es que a este presidente le interesa ¨meter la cuchara¨ y dar personalmente la cara en todo lo que circula en forma profusa en la redes sociales, da declaraciones a diestra y siniestra y se ha dedicado a ser su propio vocero, lo que ha convertido a los funcionarios en convidados de piedra ante decisiones que debían quedar a cargo de sus departamentos e instituciones.

Y claro, como dice el senador Romero, cuando da una orden o pide a uno de sus subalternos que ejecute algún compromiso previamente adquirido, su presencia en todos lados y ordenes que suponemos son parte de la inmediatez e improvisación que caracterizan al gobierno, su falta de ejecución es como si los funcionarios ¨le sacaran la lengua¨, lo que en dominicano quiere decir que no le hacen caso.

Lo peligroso de todo esto, que podría pasar como algo anecdótico y caer en el saco del olvido, es que denota una perdida de autoridad de parte del presidente de la República, en un país donde ocupar el cargo del ejecutivo puede ser comparado con el de un rey o emperador, porque todos los que lo rodean se desviven por cumplir con sus deseos.

Y una pérdida de esa autoridad en medio de los tiempos que vivimos, el que dude que estamos en los albores de una crisis económica y social de grandes dimensiones debe estar ciego o no se da cuenta de la ola que se esta formando a nuestro derredor, necesitará de un liderazgo fuerte y creíble, para que las instituciones democráticas, amenazadas ya en muchos de los países que nos rodean, puedan sobrevivir a este mar tempestuoso.

En la realidad dominicana el primer poder del estado no es el congreso de la República, como ordena la constitución, lo es el ejecutivo, pues quienes ocupan esas posiciones son los que deciden por todos y sus decisiones afectan las vidas de cada uno de nosotros, y lo cierto es que rogamos porque lo dicho por el senador Romero no sea cierto, pues la situación no esta para juegos de muchachos.

El cuadro que se nos presenta no es nada hermoso, padecemos hoy un aumento de los artículos de la canasta básica que esta destruyendo la capacidad de acceso a bienes fundamentales a muchos que ya se consideraban clases medias, a esos quienes los economistas llaman ¨inestables¨, lo que significa que comenzamos ya a crear esa famosa fabrica de pobres que ha caracterizado los gobiernos del antiguo PRD, hoy PRM.

Esto provocará en el mediano plazo una gran insatisfacción social, el que quería comprobarlo que se siente a escuchar los lamentos de las filas de los supermercados, que en caso de no contar con una figura que despierte la confianza y autoridad necesaria en la población, podría hacer estallar una crisis de credibilidad de grandes dimensiones, y si estamos dirigidos por un presidente a quien sus funcionarios ¨sacan la lengua¨ cuando da la espalda, entonces que se puede esperar del restos de los mortales que vivimos en esta media isla. Iríamos directamente hacia el abismo.

No nos engañemos, la vacuna contra el SARS-Cov2 no es la solución a la crisis  económica y social, como plantean algunos personeros del gobierno, es un arma muy importante dentro del arsenal terapéutico con que cuenta la humanidad para disminuir el impacto de la pandemia, pero esto no resolverá el serio problema que tenemos para cubrir el deficit que tenemos en nuestras cuentas nacionales, simplemente estamos gastando lo que no tenemos ni producimos, y eso no lo va a resolver una vacuna.

Para tratar de equilibrar nuestro presupuesto, debemos plantearnos una reforma a nuestro sistema impositivo, y para eso, que significa poner impuestos, debemos tener una presidencia con la suficiente autoridad y liderazgo que nos permita pasar por ese trance con la confianza suficiente en quien nos gobierna, y no parece que ese es el camino que seguimos, la gráfica imaginativa de como los funcionarios ¨sacan le lengua¨ ante ordenes emanadas de quien debería ser la principal figura del país, es penosa.

Administrar la presencia, palabras y figura de un presidente de la República es una obligación, al final la tendencia populista de andar metido en todas las fiestas y hablar de todos los temas tiene un precio que se paga con el tiempo, ese precio es una devaluación del valor simbólico del cargo, eso es una ley económica que deberían conocerla, a mayor presencia en cargos como ese, el valor es menor.

 

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