RESUMEN
Más que un argumento para mitigar la aplastante derrota sufrida por la oposición en las últimas elecciones municipales, la abstención de más del 50% de los votantes hábiles que tiene la República Dominicana debería ser un llamado de atención al liderazgo político nacional sobre un problema que podría desembocar en graves fenómenos sociales y políticos, como ha pasado en distintas latitudes del mundo.
Con un electorado que crece pero no ejerce, y un marcado desinterés ciudadano por la política y las cosas públicas, la posibilidad de vernos envueltos como sociedad en una crisis de representación, puede ser el problema real que ocupa la mente de los dominicanos que si expresan su sentir político cada cuatro años, y mantienen la vigilancia sobre sus gobernantes, lejos de banderías políticas y emociones personales sobre candidatos.
Con una cantidad exagerada de partidos que hasta resulta irrisoria, al ver como los resultados ponen de manifiesto la incapacidad de la mayoría de estos para aglutinar seguidores sobre alguna propuesta política, recalcamos lo que en ocasiones múltiples ya hemos planteado; la política dominicana ya no es un juego de sumar, sino de dividir para luego negociar y adherirse.
La incapacidad de mover el voto, con dadivas y sin dadivas, la imposibilidad de motivar a los ciudadanos sobre la base de las ideas, la insuficiencia de propuestas creíbles por parte de los políticos y los partidos, la falta de compromiso de los ciudadanos con sus comunidades, su país y su futuro mismo, y la ignorancia ideológica en lo que respecta a la política, son razones más que suficiente para explicar por qué la mitad de los dominicanos no votan, por más fácil que se lo pongan.
Por Manuel De Jesús Ruiz
