Hora de limpiar la política mirándonos en el espejo de Brasil

Por Humberto Salazar Viernes 26 de Mayo, 2017

Lo que está ocurriendo en Brasil con la clase política y su asociación delictiva con algunos empresarios es una crisis de tal magnitud, que en el día de ayer el todavía Presidente Michel Temer tuvo que sacar al ejército a las calles de Brasilia, su capital, para impedir la invasión de las turbas de las oficinas de los ministerios y hasta el propio palacio de gobierno.

Brasil que era el país ejemplo en Latinoamérica de justicia social distributiva a través de programas como el llamado Bolsa Familia, que sacó a millones de ciudadanos de ese país de la pobreza en que vivían, ha caído en un estado de ingobernabilidad que lo lleva hacia el caos y la anarquía.

Son muchos que los miraban y estudiaban lo que se dio en llamar el ¨milagro brasileño¨ en los primeros años de este siglo XXI, porque era un país que en un momento determinado fue capaz de crecer en forma pareja, es decir, se ubicó como el lugar del mundo donde se pronuncian más millonarios y al mismo tiempo se construía una clase media que parecía consolidarse.

Todo este progreso fue el resultado de la expansión de la economía asiática, con la consiguiente demanda de commodities y aumento de sus precios en el mercado internacional, lo que significó un fuerte crecimiento de la economía brasileña, país que se dio el lujo en las postrimerías de esta fiesta de organizar los dos eventos deportivos más importantes del mundo, el mundial de futbol y los Juegos Olímpicos, con un intermedio de solo dos años.

Sin embargo, todo lo que ha salido a la luz pública, primero con las investigación Lava Jato, seguida por casi 40 fases, y ahora con el escándalo que afecta al Presidente Temer después de haber sido grabado asintiendo el pago de sobornos a jueces, fiscales y testigos para mantenerles la boca callada u obstruir las investigaciones ha detonado las débiles bases sobre las que se construía un sistema democrático estable.

Pero ademas al terminar la fiesta económica de la abundancia al caer el precio del petróleo, la soja, la carne y otros productos primarios de exportación, la consecuente insatisfacción social surge porque ya resulta imposible ocultar que gran parte de la riqueza producida por el país en el periodo de auge, fue repartida entre los bolsillos de empresarios y políticos de todos los partidos del sistema.

Dios y nosotros mismos nos debemos librar de llegar a un estado de descomposición social de tal magnitud, que lleve a la ciudadanía a un cuestionamiento de toda la clase política dominicana, por el mal ejemplo que han dado algunos que parecen haberse enriquecido en este periodo de crecimiento y expansión de nuestra economía en los últimos años.

De pronto a algunos dirigentes políticos parece que les pesa tomar un vehículo para trasladarse a un pueblo del interior, cual príncipes árabes prefieren los helicópteros privados, a otros se les olvidó que ninguno de los líderes fundacionales de nuestra democracia tuvo una mansión en Casa de Campo para vivir rodeado del lujo y boato de lo ricos del país y la región.

De los presidentes que hemos tenido en los últimos 51 años, ni a Juan Bosch (1963), ni a Joaquín Balaguer (1966-1978 y 1986 1996), ni a Leonel Fernández (1996-2000 y 2004-2012), ni a Danilo Medina (2012-actual) nadie les conoce propiedades lujosas en las verdes praderas donde habitan los millonarios de la República Dominicana.

Entonces cual es el afán que tienen algunos de los que se dicen sus seguidores de poseer bienes materiales a mas no poder, vivir con un lujo digno de los que se consideran parte del Jet Set y estrujarle al pueblo llano su riqueza, cuando esta es imposible justificarla.

Ahora el país tiene la gran oportunidad de dar un ejemplo, asumimos las palabras del Procurador General de la República Jean Alain Rodríguez cuando advirtió, al iniciar las investigaciones del caso de los sobornos de Odebrecht, que los culpables de haber recibido ese dinero de forma fraudulenta irían a parar con sus huesos a la cárcel, no importa en nombre que tengan ni el partido al que pertenezcan.

La actividad política en la República Dominicana tiene necesidad de limpiarse de los que con su actitud y exhibicionismo, han logrado que los que se dedican a esta actividad sean señalados como personas cuyo único objetivo es enriquecerse al vapor, aunque la inmensa mayoría de los políticos dominicanos son personas de bien a quienes el oro corruptor no los ha cegado.

Es por esto que antes que justificar, aprobar, apoyar o cubrir, es un deber de cada militante, de los miles que activan en los diferentes partidos políticos del país, dar su apoyo para que esclarecido ya el caso de la confesión de los brasileños de Odebrecht en cuanto a la República Dominicana, que la justicia se aplique y sirva de ejemplo y reflexión a los que avergüenzan al país con sus actos indignos desde los cargos públicos.

Con el caso Odebrecht parece que llegó la hora en que los partidos políticos comiencen a realizar un diagnostico introspectivo y detenerse a curar un mal que ha hecho tanto daño en países tan grandes como Brasil, donde en este momento todos los políticos están descalificados para suceder a Temer, si es que es depuesto o renuncia

Ante la descalificación de todos, lo mas probable es que el poder tenga que ser ejercido por los jueces del Tribunal Supremo que aparentemente no han sido contaminados por la corrupción imperante en el gigante sudamericano.

Tomemos ese proceso avanzado de deterioro como ejemplo, y apoyemos la profilaxis que parecer ser se realizará con el culminación de las investigaciones del caso Odebrecht, porque como decimos los médicos, es siempre mejor prevenir que remediar.