RESUMEN
Algunas personas se sorprenden cuando escuchan a un psicólogo hablar de tratamiento mediante la palabra, es decir, de psicoterapia. Sin embargo, la creencia en los poderes curativos de la palabra es anterior a la aparición de la medicina. Los pueblos arcaicos, así como las civilizaciones antiguas y medievales confiaron en el poder del conjuro mágico y de la oración. En la época moderna, la aparición del racionalismo cartesiano y del método científico no impidieron la propagación de las creencias en el poder del verbo.
Sin embargo, fue con la aparición de la obra de S. Freud que la psicoterapia alcanzó un lugar en el ámbito de la ciencia, aun cuando su aceptación no fue generalizada, principalmente entre los científicos consagrados a las ciencias naturales.
Eric Kandel –Director del Centro de Neurobiología y Conducta de la Universidad de Columbia- evalúa la efectividad de la psicoterapia y sitúa sus efectos en las células del cerebro, a nivel sináptico. Con un entrenamiento en psicoanálisis y formado en la escuela de medicina de Harvard en la década de los años 60, Kandel gana el Premio Nobel (junto a Carlsson y Greengard) en el año 2000. Él demostró que los cambios de conducta del caracol aphysia, de sus reflejos de protección, implicaban cambios a nivel sináptico, así como de los mecanismos moleculares y de neurotransmisión.
A juicio de Kandel, “sólo en la medida en que nuestras palabras producen cambios en los cerebros de los otros, es que la intervención psicoterapéutica produce cambios en la mente de los pacientes”. En ese sentido, hoy día los enfoques biológico y psicológico tienden a encontrarse.
Diamond demostró que las diferentes partes de la célula nerviosa cambian su dimensión en respuesta a la estimulación ambiental, aun cuando los circuitos subcorticales, límbico-emocionales, que se desarrollan durante la infancia tienen menos plasticidad. Esto explicaría las dificultades que conlleva el tratamiento psicoterapéutico de los traumas infantiles.
La palabra cura porque su sentido y sus resonancias íntimas tienen un efecto a nivel sináptico, es decir, en esos lugares donde las células nerviosas (neuronas) se comunican mediante ciertas sustancias químicas (neurotransmisores) que regulan la conducta humana.
Los seres humanos son animales que hablan; personas que han organizado su vida social y la transmisión de su cultura gracias al lenguaje oral y escrito. Aunque nos falta mucho por conocer acerca de la química cerebral, las neurociencias nos brindan una visión cada día más precisa de lo que ocurre en nuestro cerebro cuando hablamos, comprendemos y cambiamos nuestra conducta.
La psicoterapia es la cura del alma mediante la palabra. Una función social que en el pasado estuvo reservada a magos, curanderos y sacerdotes; y que, aunque hace más de un siglo viene perfeccionándose como técnica psicológica, sólo recientemente empieza a descubrir sus fundamentos neurobiológicos.
Por: Dr. Huberto Bogaert García
Psicólogo clínico – Psicoanalista
