El dilema político-electoral 2020

Por Francisco S. Cruz viernes 25 de agosto, 2017

No es sólo que los aspirantes-candidatos –de raza e híbrido- han salido de la gatera sin el pitazo-proclama de la JCE, es que, cual miniatura del carnaval de Brasil, aquí también las escuelas de samba –o de “aparatos” políticos- empiezan temprano a confeccionar sus disfraces, coreografías y tramoyas. Amén del libreto, del presupuesto, las encuestas y los voceros-bocinas que se encargaran de proyectar bondades y espejismos de unos o, mejor dicho, de algunos aspirantes tales, que, como se ha dado -en múltiples ocasiones-, ni siquiera en su casa lo votarían.

Son, en mayoría, digamos la verdad, candidatos de atajadera, es decir, aspirantes-candidatos que casi siempre o al final de la jornada, se transan –y no con visión programática-filosófica (que sería  justificativo, necesario y beneficioso para el país)- por un ministerio, una dirección, un “situado”, una curul o una insignificancia disfuncional del organograma estatal…

Pero no es de ese “realismo mágico” de nuestra política menuda, que, de paso, desnuda nuestra frágil institucionalidad (¿…?), sobre lo que quiero escribir este garabato, sino de algo más que un dilema, digamos, incógnita: el 2020 político-electoral.

¿Qué se proyecta?

 En mi opinión, ¡nada nuevo! –Por desgracia o, fortuna-.

A no ser, el cuadro de líderes –conocidos-: Leonel Fernández, Danilo Medina –pues no olvidemos que la reelección es una recurrencia histórica impredecible-, Hipólito Mejía, Luis Abinader y unos “emergentes” –de afuera y de adentro- que hace rato el continuismos se los tragó. Y lo peor: que ellos –los emergentes- todavía no se enteran (¿o no quieren enterarse?). Quizás sí.

Porque lo de la Marcha verde y el globo-ensayo de los empresarios –asentado en la capital-, ya se definieron: el primero, partido-vagón, en parte, de Luis Abinader; y el segundo, de cara bonita-gerente –de dos cuadras- no pasa. Al primero, le cerraron la llave de la logística; y el segundo, terminó –como Chacumbeles– creyéndose la hazaña que le fabricaron.

De modo, que el 2020 político-electoral, hasta ahora –y a menos que aparezca-surja un nuevo fenómeno político-electoral que aún no asoma ni prefigura, se proyecta como una carrera de actores-líderes conocidos…

Pero, ¿cuál es la novedad-incógnita, entonces?

 Que, como en el ajedrez –lo que es igual no es ventaja-, nada se vislumbra. En otras palabras, que nadie las tiene consigo…

Por ello, mandar a hacer encuestas, salir temprano o contratar brujos…, nada garantiza llegar a puerto seguro. A menos, que nos queramos engañar de la peor manera o como lo hace el avestruz.

Mientras tanto, la mejor empresa, y si quisieran –los líderes políticos-, sería parir-alumbrar (vía voluntad política inquebrantable), Dios quiera, una excelente Ley de Partidos Políticos (y de Régimen Electoral); y, por supuesto, organizar, como diría Narcisazo “aparatos”-partidos con árbitro-JCE y líderes-jerarquías respetuosos de esa norma, pero más que ello, abjurando de la cultura -política-electoral- del dedazo.

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