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12 de marzo 2026
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MPH: Más allá de la velocidad, la milla extra como estilo de vida empresarial

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RESUMEN

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Hace unos días acudí a un centro automotriz para realizar el mantenimiento de mi vehículo. Al observar el entorno, me llamó la atención que no había rótulos llamativos ni un letrero que destacara el nombre del lugar. Solo unas iniciales sobresalían: MPH.

Movida por la curiosidad, pregunté al propietario por qué había elegido esas letras para representar su negocio. Su respuesta me dejó con una gran reflexión:

“MPH significa Miles Per Hour, como en los tableros de los autos… pero para nosotros significa dar siempre la milla extra. Con ese pensamiento decidí nombrar mi negocio”.

Aquel comentario, lejos de ser una ocurrencia, encierra una impactante filosofía empresarial, porque no se trata solo de cuán rápido avanzamos, sino de cómo y con qué actitud lo hacemos. Incluso la calidad que impregnamos en cada acción y contacto que tenemos es una manera de dejar una huella distintiva.

Y es que, más allá de cumplir, en el entorno laboral actual muchas personas hacen lo justo para cubrir sus funciones, quizás lo que los expertos llaman “renuncia silenciosa”. Por otro lado, también vemos operaciones sostenidas por individuos que ofrecen servicios o productos con estándares muy mínimos. Es común escuchar múltiples quejas y reclamaciones por esto, lo cual —a mi entender— es hasta una falta de respeto al tiempo, a la elección y al dinero invertido.

Sin embargo, los verdaderos líderes y agentes de cambio se destacan por ir más allá. Dar la milla extra no significa agotarse, sino actuar con excelencia, con compromiso, con ese toque de calidad que marca la diferencia. Quiero ser enfática en destacar que dar la milla extra no debe entenderse como estar siempre sin tiempo, copados de trabajo o sin espacio para respirar. Por el contrario, implica trabajar con eficiencia, eficacia, de manera inteligente, práctica, funcional, brindando soluciones y buscando también un equilibrio de vida. Sea cual sea la función que desempeñemos, honrar nuestro trabajo es una forma de honrarnos a nosotros mismos y de construir entornos más eficientes, confiables y humanos. Me gusta mucho decir: “Trabaja para Dios, no para los hombres”, lo que compromete a que, cual fuere la tarea o posición que ocupemos, la gente se pueda deleitar con el resultado.

Una gestión con propósito, porque es más que evidente que la excelencia no es producto del azar. Más bien, es el resultado de una gestión bien pensada, que combina conocimientos técnicos con sentido del propósito. Esto se traduce en implementar diferentes estrategias para lograrlo. Por ejemplo:

  • Utilizar herramientas tecnológicas que nos permitan ser más ágiles y precisos.
  • Medir y evaluar los procesos con indicadores claros.
  • Apostar a la mejora continua, incluso cuando nadie nos lo exige.
  • Asumir cada rol como una oportunidad para contribuir con valor.

Trabajar con sentido nos permite transformar tareas rutinarias en acciones significativas. Es lo que convierte un centro automotriz en una experiencia memorable, y un puesto operativo en una plataforma de liderazgo real.

Mismo principio, distintos escenarios. Hago esta afirmación porque la filosofía que encontré en aquel taller puede aplicarse en cualquier espacio: desde una pequeña empresa hasta una gran corporación; desde una oficina técnica hasta una dirección ejecutiva. La milla extra no entiende de jerarquías, sino de compromiso. Tampoco necesita grandes rótulos que identifiquen lo que se ofrece: la calidad del trabajo es la mejor promoción e identificación.

No se trata solo de la velocidad a la que trabajamos, sino del impacto que generamos al hacerlo bien y con propósito. Porque quienes eligen avanzar con conciencia, quienes deciden marcar la diferencia, terminan por dejar huella.

Hoy más que nunca, necesitamos profesionales y empresas que comprendan que el verdadero éxito no está en hacer más, sino en hacerlo mejor. Que integren la innovación y agreguen valor en todo. Que comprendan que su MPH no es solo una medida de velocidad, sino una filosofía de vida:

Millas Por Hora… y por Propósito.

POR: ARIELA OGANDO

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