RESUMEN
“La gran piñata”
Si las cortinas de los centros de salud fueran indiscretas…
Si no existiera la ley del secreto bancario…
Si los actores de la SS no fueran parte del negocio de las ARS….
La seguridad social en República Dominicana es el mecanismo mediante el cual, el gobierno amparado en los principios de la solidaridad, y la subsidiaridad como parte filosófica del espíritu de la ley, delega en el sector laboral, su responsabilidad de proveer salud a la población; mediante descuentos directos al empleado y empleador, con la parte filosófica monetizada, amén del 10% del impuesto sobre la renta (en los casos que aplica) y el ITBIs que religiosamente pagamos al fisco, que son parte del presupuesto nacional, por ende tienen participación activa en lo que se consigna para la salud, (bastante pírrico y mal orientado, por cierto) terminamos siendo los padrinos de salud.
En el país no existe tal seguridad social, sino más bien un seguro masificado de salud, que mal atiende un sector, mientras dejan fuera otros tantos, que por su costo, la complejidad operativa y estructural no son negocio, por tanto son rechazados, por la visión rentista, pero la parte del suspiro, y sus jugosos beneficios, es apetecido por todos los sectores que intervienen, que ven en el sistema “La gran piñata”
Es insostenible el concepto social de la seguridad, ante la voracidad del negocio de la salud en el país, los altos costos que imprime la forma medalaganaria de colocación de precios a bienes y servicios. Si bien es cierto, que como sector no aparece en el ranking de crecimiento económico en la famosa lista (sector construcción, financiero, turístico, telecomunicaciones, entre otros), cierto es que no hay una empresa en un pueblo X, que crezca más que un centro de salud privado, no hay una empresa más promisoria que un laboratorio farmacéutico en Republica Dominicana, por eso muchos prefieren nuestro mercado, pese a lo pequeño, desde el punto de vista demográfico y poder adquisitivo, frente a otras grandes potencias, con más habitantes, se instalan aquí, porque operan a sus anchas, principal razón por la que laboratorios existentes en países desarrollados también se encuentran ubicados aquí, en un país pequeño, todos conocemos las bonanzas del sector tecnológico de la salud, que es el más costoso, sin mencionar las ARSs, anteriormente pequeñas aseguradoras, con pocos márgenes de rentabilidad, muchas veces siniestradas, hoy portentosas empresas en menos de 20 años, y las AFPs anteriormente inexistentes, sus casas matriz “Los bancos comerciales” solo vivían de prestar, y renegociar los chelitos de sus depositarios, muchas veces quebrando por falta de liquidez, hoy con el mecanismo hidratante de las administradoras del fondo de pensiones, el sector financiero luce robusto, y de gran crecimiento, todo esto se le saca a los enfermos de nuestro país, y hasta a los sanos, porque aunque no usemos el servicio, gran parte se benefician sin costo; por lo antes expuesto, mas la falta de cultura que por inconciencia de planificar y garantizar su retiro, hasta hoy, la única seguridad social de los habitantes de nuestro país, es que un hijo nos salga bueno, y nos recoja.
La gran debilidad ciudadana es ver la cosa pública con visión depredadora, y oportunista, esto lo hacemos los ciudadanos frente a todo lo que es público, por eso lo hacen las ARSs y las AFPs frente al sistema, porque es nuestro comportamiento cultural, y no ha existido un gobierno que frene tal mala práctica, y promueva una cultura diferente frente al estado, solo publicitamos por cosmiatría, pero no promovemos para una construcción social diferente, donde el ciudadano se empodere, y cuide como suyo, lo que es de todos.
La salud en el mundo tiene un mal de origen, y estos no lo soportan las economías pobres, las grandes potencias se agencian la investigación, promoción, y cuantiosas inversiones en armas nucleares, en investigación del espacio, del cosmos, con apropiación exclusiva, sin embargo, como estado, no son capaces de apadrinar las universidades y asumir los costos de las investigaciones científicas, y los hallazgos de nuevas moléculas para combatir grandes males de salud. Es por esta y otras razones que hoy por hoy la está ejerciendo el sector farmacéutico industrial privado, que le impone los altísimos costos del proceso al producto, constituyendo esto un crimen de lesa humanidad, santificada por la ONU y la OEA que puntualmente reconocen los nuevos hallazgos como avances de la humanidad, y sus científicos como arqueólogos de las futuras generaciones.
Por qué esas grandes potencias no se agencian el patrocinio de los estudios científicos del Cáncer, del sida, de la diabetes, hipertensión, psiquiátricos, del alzhéimer, entre otras tantas patologías, si así lo contemplaran de seguro los productos fueran más asequibles, cumplieran la misión social a que están llamados a cumplir, y no la visión rentista de un emporio comercial. Pero esto no genera aplausos en las asambleas, por eso las legaciones asistentes no los tocan, más por el contrario, posiciones así quitan visas, mejor se callan.
En Republica Dominicana, si analizamos el artículo 61 de la constitución, que reza textualmente de la siguiente manera: “El Estado debe velar por la protección de la salud de todas las personas, el acceso al agua potable, el mejoramiento de la alimentación, de los servicios sanitarios, las condiciones higiénicas, el saneamiento ambiental, así como procurar los medios para la prevención y tratamiento de todas las enfermedades, asegurando el acceso a medicamentos de calidad y dando asistencia médica y hospitalaria gratuita a quienes la requieran”
Este enunciado inspirado en el artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, organismo que este país por tratado, es signatarios, nos damos cuenta al desmembrarla por valores su enunciado, de las grandes falencias en que incurre el gobierno dominicano, ante tales garantías constitucionales.
Donde está la protección de Estado frente a la salud?
Donde esta la potabilización del agua? Que con solo garantizar el cumplimiento, le ahorraría a cada hogar dominicano miles de pesos, de sus escasos ingresos.
Donde está presente la seguridad social en el mejoramiento de la alimentación, sin controles sanitarios rigurosos, los nutriólogos no están en la carpeta de servicios, o catálogos de las ARSs a sus afiliados, y lo dejamos ahí, para que usted amigo lector siga desmenuzando.
El rol rector del estado a tan sensible área, que no puede ser vista desde el ángulo de la rentabilidad, y como he planteado en anteriores conversaciones tanto verbal como escrita, considero que el gobierno debe empeñarse en reducir los costos de la salud, que son el producto de la especulación, debe enfocarse en la regulación de capital, como lo hace con las farmacias, aplicando un margen un margen del porciento de intermediación regulada, pongo de ejemplo el 30% actual, que ha quedado evidenciado que funciona en múltiples áreas comerciales, pues usted no ve ese crecimiento desmesurado de las farmacias como los ve en otras áreas de la salud, con excepción de las grandes cadenas, que es otro capítulo.
Esto es posible si el gobierno mediante aduanas, la DGII activa las alertas de los precios y los costos reportados en la importación de materias prima, de productos terminados, el pago de arancel debe guardar relación con el producto comercializado, reflejados en la DGII, además del desmonte de impuestos a la salud.
Un desmonte de precios y costos del sector salud es impostergable, analicemos por renglones, y veremos a ese precio no hay seguridad social que sobreviva, mucho menos en un país pobre como el nuestro, tan pobre, que una pierna rota quiebra un empresario.
Y para concluir me pregunto…
¿Por qué? Si el gobierno aprovecha muy bien el pago de nuestros impuestos, de las riquezas que genera la fuerza de trabajo de nuestra vida laboral, la cual orgullosos exhibimos ante el mundo el crecimiento macroeconómico, el aumento del PIB, por qué no entra a formar parte del tan necesario tripartito aporte (Gobierno – empleador – empleado) sin que su aporte se registre directamente al sistema financiero de las AFPs, si no al pago de estas al momento de la pensión, así garantizar un retiro digno a los hombres, y mujeres que aportan puntualmente, un 80% de nuestro último salario cotizado al Sistema Dominicano de la Seguridad Social?
Por Wilson Antonio Gómez García
