ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
4 de abril 2026
logo
OpiniónHuberto Bogaert GarcíaHuberto Bogaert García

La herencia inevitable

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

La conciencia permite al ser humano percibir la realidad de su entorno y proyectar su porvenir. Y, a pesar del condicionamiento social y cultural, el sujeto forja su destino personal en la medida en que realiza su vida en el seno de una familia específica. El infante hace su aparición en la escena del mundo como miembro de un sistema familiar en el que se formará y al que abandonará cuando adquiera la madurez y la autonomía requeridas para garantizar a su propia descendencia el soporte necesario para sobrevivir.

¿En qué consiste el aporte fundamental de los progenitores a su descendencia? Consiste en permitir que prosiga un discurso familiar renovable, donde los sonidos dispares cobren un sentido variable que permita a la descendencia construir su destino.

Después de la muerte de los progenitores queda en la descendencia una actitud, un modo peculiar de enfrentar el metabolismo de la vida. Sufrimos porque nos apegamos a la autoría de nuestra composición personal. Pero, en realidad, a través de nuestros hijos dejamos la materia prima de composiciones virtuales que van a garantizar la continuidad de un proceso que pertenece a la especie.

Aunque no exista la vida más allá de la muerte, aquí, sobre la Tierra, cada individuo contribuye con su vida a preservar un dinamismo colectivo que garantiza la perpetuidad del linaje, aunque desaparezcan los vestigios de su cuerpo y los signos manifiestos de su voz. Esto así porque el nombre, en tanto soporte de la identidad y columna vertebral de la subjetividad, se transmitirá aunque desaparezcan los soportes imaginarios de la personalidad. De ese modo, desde que el deseo parental cobra forma de hijo, el discurso familiar se perpetúa aunque hayamos partido.

La herencia es inevitable; ella constituye una huella que se convertirá en débito o en crédito, aunque nunca se meta en el bolsillo.

Por: Dr. Huberto Bogaert García

Psicólogo clínico – Psicoanalista

Comenta