Estocolmo+50: La reingeniería de la praxis internacional para impulsar políticas de sostenibilidad ambiental

Por Nelson Reyes Estrella

En 1972 la cumbre de la tierra en Estocolmo Suecia sentó la base para enfrentar los males que desde aquellos años comenzaban a preocupar las mentalidades humanas. Para aquellos años el problema se podría comparar con una pequeña fiebre producida por el impacto que tienen las actividades humanas sobre la casa común, pero que con buenas políticas públicas se podría remediar y mantener la resiliencia de la madre tierra.

 

Han pasado 50 años desde aquel entonces y el problema ambiental global ha empeorado, los cambios han sido muy leve y la relación entre cambio de modelo y continuismo de la práctica destructiva ha sido asimétrico, por un lado, el consumo ha aumentado proporcionalmente con la duplicación de la población mundial que hoy ronda los 8 mil millones y la resistencia a la aplicación de nuevas prácticas y regulaciones económicas que han frenado miles de iniciativas que aspiran a un desarrollo sostenible.

 

De las 5 cumbres desarrolladas, la de “Río 1992” en Brasil estableció un marco sin precedente y en cierto modo ha contribuido a que los problemas no sean peores; la agenda de 40 artículos y los 27 principios que allí se establecieron para alcanzar el desarrollo sostenible ha permitido aumentar los niveles de conciencia a nivel internacional, sin embargo, la práctica no ha sido suficiente, los gobierno asumen compromisos en término teórico, pero en la práctica se resisten a su aplicación.

 

Entre los principios de “Río 92” se estableció: El hombre es el centro de la preocupaciones, la necesidad de un desarrollo equitativa que permita garantizar recursos suficientes a las presentes y futuras generaciones, así mismo, para alcanzar el desarrollo sostenible, el medio ambiente no puede considerarse aislado y la mejor forma de tratar los asuntos ambientales es con la participación de todos los ciudadanos en el nivel que corresponda.

 

Esta guía que nos legó esta cumbre sigue siendo tan importante como en aquel momento y hoy que los problemas son más complejos, que se habla de cambio climático y calentamiento global como consecuencia universal de las acciones humanas y una amenaza real a nuestra civilización. En esta conmemoración es importante reflexionar sobre nuestra existencia colectiva, como un todo y hacer un balance de todas las iniciativas que en la práctica han incentivados mejores condiciones de vida y de sostenibilidad ambiental, cuyo enfoque sea el respeto a los ciclos naturales del planeta.

 

Existen muchas prácticas positivas, el mismo planeta nos ilustra y nos guía hacia las tecnologías desarrolladas como evidencias de que el cambio de modelo es posible y que sólo falta voluntad política y un poco de entendimiento humano, para detener la acumulación irracional de recursos que atentan contra el equilibrio ambiental y entender que, la vida es transitoria y la responsabilidad de cada ser humano es ser feliz aprovechando los recursos naturales para general bienestar colectivo, pero sin comprometer el equilibrio del ecosistema global y la paz de las presentes y futuras generaciones.

 

La opulencia de grupos codiciosos no puede continuar siendo la misera capacidad de la gran mayoría que hoy luchan por las necesidades básicas y que a medidas que los problemas se agrandan, aumentan las posibilidades de grandes conflictos globales; es impostergable la disminución de la presión internacional sobre los recursos naturales, especialmente, sobre bosque, agua y aire que son portadores de la vida y el equilibrio planetario, y esto, junto con la disminución gradual o mantenimiento de la estabilidad de la población global será la garantía de la paz y la continuidad de nuestra civilización.

 

Al conmemorar estas 5 décadas de la cumbre de la tierra, si bien tenemos grandes amenazas y desafíos; la mayor enseñanza y oportunidad es que el planeta es como el cuerpo humano, las acciones tienen efectos total, por consiguiente, los problemas globales se resuelven con la participación de todos y para esto se necesita una reingeniería en la praxis internacional para impulsar un verdadero desarrollo, cuya base descansa en la voluntad política, la economía sostenible y una conciencia colectiva como base para un planeta resiliente y con capacidad para responder a las necesidades universales.

Por Nelson Reyes Estrella

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