RESUMEN
La República Dominicana se encuentra en una encrucijada histórica que no podemos dejar pasar. El turismo deportivo, sin duda, es un área con un potencial económico y social extraordinario para nuestro país que requiere una estrategia integral.
Sin embargo, como se menciona acertadamente en el reciente editorial de Persio Maldonado sobre el tema, quienes diseñan políticas públicas para aprovechar este sector durante todo el año deben familiarizarse con los pormenores de cada disciplina deportiva, tanto las que forman parte de la estructura olímpica como las que no. Esta observación pone de manifiesto una necesidad que va más allá de lo administrativo y se convierte en un imperativo legislativo: la República Dominicana necesita una Ley de Turismo Deportivo que sea integral, moderna y bien regulada, que combine infraestructura, promoción internacional, alianzas público-privadas y experiencias únicas que abarque todos los segmentos de este sector estratégico, incluyendo el turismo náutico recreativo. Esto ayudaría a eliminar la fragmentación actual y a establecer un marco legal coherente, ordenado y que fomente el desarrollo sostenible.
Ley 356-05: El diagnóstico de una promesa incumplida
Antes de avanzar hacia nuevas legislaciones, es imperativo hacer un alto y examinar críticamente el estado de aplicación de la Ley 356-05 sobre Deportes, Educación Física y Recreación, promulgada el 10 de septiembre de 2005. Han transcurrido casi dos décadas desde su aprobación, tiempo más que suficiente para evaluar su implementación y reconocer, con honestidad dolorosa pero necesaria, que su aplicación ha sido deficiente, inconsistente y profundamente insuficiente.
¿Cómo podemos aspirar a posicionarnos como destino de turismo deportivo de clase mundial si no aplicamos coherentemente nuestra propia legislación deportiva? La respuesta es simple: no podemos. La credibilidad internacional, la atracción de eventos de alto nivel y la confianza de los inversionistas requieren marcos jurídicos no solo existentes, sino efectivamente implementados.
Es imperativo que las autoridades nacionales y deportivas revisen exhaustivamente la aplicación de esta ley, identifiquen las áreas de incumplimiento y establezcan mecanismos vinculantes de seguimiento. Solo así podremos garantizar que la infraestructura deportiva, la formación de atletas y la organización de eventos cumplan con estándares internacionales que atraigan al turismo deportivo de alto valor.
La fragmentación legislativa: Un obstáculo adicional al desarrollo
Más allá de los problemas de aplicación de la Ley 356-05, enfrentamos también una dispersión normativa que debilita nuestro potencial competitivo en el ámbito específico del turismo deportivo. Existe un proyecto de ley sobre turismo náutico de recreo que, aunque podemos decir que está un poco bien intencionado, aborda únicamente un segmento específico del turismo deportivo con enfoque limitado a incentivos.
Esta fragmentación genera confusión institucional, duplicidad de competencias, vacíos regulatorios y, lo más grave, impide una visión estratégica integrada del turismo deportivo como sector económico prioritario.
La solución no es seguir acumulando leyes sectoriales desarticuladas. La solución es audaz pero necesaria: crear una Ley de Turismo Deportivo que unifique, ordene y potencie todo el ecosistema, integrando en su arquitectura jurídica el turismo náutico de recreo como uno de sus componentes fundamentales, no como legislación separada. Esta nueva ley debe desarrollarse de manera independiente y complementaria a la Ley 356-05, sin integrarlas, reconociendo que regulan ámbitos diferentes: uno el deporte como derecho y actividad formativa nacional, otro el deporte como actividad económica turística.
República Dominicana no puede darse el lujo de seguir improvisando en un sector con tanto potencial estratégico. El turismo deportivo, y particularmente el turismo náutico, representa una oportunidad histórica de diversificación económica, generación de empleos calificados, desarrollo regional equilibrado y posicionamiento internacional.
Pero esta oportunidad requiere fundamentos sólidos. Requiere aplicar efectivamente la Ley 356-05. Requiere crear la Ley de Turismo Deportivo integrando el proyecto de turismo náutico. Requiere escuchar a las federaciones deportivas. Requiere que autoridades y sector privado comprendan las especificidades de cada disciplina.
El editorial que inspira estas reflexiones nos recuerda una verdad fundamental: apostar al turismo deportivo sin conocer los detalles de cada disciplina es como navegar sin brújula. Añadamos a esa sabiduría: apostar al turismo deportivo sin marco legal adecuado es como navegar sin timón y sin puerto de destino.
República Dominicana tiene ventajas naturales extraordinarias: clima privilegiado, geografía diversa, costas espectaculares, montañas, ríos, biodiversidad y proximidad a mercados emisores importantes. Lo que urgentemente necesita es la voluntad política de construir los fundamentos jurídicos que conviertan ese potencial en realidad sostenible y próspera.
El tiempo de la acción legislativa es ahora. El futuro del turismo deportivo dominicano depende de las decisiones que tomemos hoy.
Por Tamara Valdez San Pedro
