Transporte de ratas en los trenes de Nueva York

Por Román Polanco miércoles 25 de octubre, 2017

La calidad del pensamiento político es una realidad que afecta un conglomerado, de forma tan especial, que amerita análisis. Primero fomentan el orgullo y el discurso, como modelo de estructura futurística, sin conciencia para su propio beneficio.

La historia de los neoyorquinos está hecha de enredos, sueños, travesías e inventos de la imaginación de los políticos electos. Nosotros, ciudadanos pensantes, guardamos algunos secretos, como riquezas, escondidos en laberintos y lucubraciones, ideas en desnudo. Tenemos como manía cultural la inventiva de dioses o historias adornadas de mitos vs realidad para consumo. Las intervenciones humanas y la naturaleza han establecido un comportamiento amistoso que ha sido señalado por el tiempo como una estructura de supervivencia y mercado como huella histórica representado en arqueología rustica para reconstruir el periodo milenario de la memoria histórica. Sumamos la resistencia al dolor, la tristeza que arropa al grupo étnico tal etc.

En los últimos tiempos recibimos la información de que los políticos quieren regularizar el tránsito, vehicular de los cinco condados y, para ello, pretenden eliminar varios cientos de miles de vehículos de la ciudad. No suena mal a los oídos de ellos, pero que pasa cuando un ciudadano común escucha esa barrabasada; claro, cunde el pánico. Es cierto que la ciudad esta superpoblada de vehículos, pero cuál es la solución a esta grave situación que todos enfrentamos, claro menos los políticos que pueden guardar su vehículo en un garaje privado porque ellos tienen el dinero para hacerlo.

Se inventan discusiones sobre Colon, buscan calles para cambiar nombres, organizan para que nos quedemos, hacen mesa redondas y cuadradas, luego a luchar para ganar otra vez. ¿Y si lo hacen tan bien por que sudar en campaña?

Soluciones en las manos de los políticos parece que no les interesa en lo más mínimo, respetar el derecho que tiene cada ciudadano de poseer un vehículo, no está en los planes de ellos. Pero hacerme la vida imposible para que yo ocupe un lugar en los trenes llenos de ratas que producen 60% de las enfermedades que procesan los hospitales nuestros, es un negocio excelente. Además, las multas que procesa la ciudad son suficientes para fabricar elevados y repartir el tránsito vehicular.

Me refiero lo útil que sería alguien en la alcaldía empezara por pensar en nosotros como seres humanos. A Manhattan las estadísticas premian con un lugar preferencial diciendo que posee 4 ratas por habitantes. Creo que en el Alto Manhattan hay 10 por persona y quieren montarme en los trenes que son la guardería de esos roedores.

 

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