Ya marzo va por su cuarta semana y cuánto ha rendido este tiempo en que todos parecen tener algo que decir, excepto quien sí nos prometió hablar y cuyo discurso será en verdad de interés nacional.
A veces, no siempre, el silencio es más elocuente que la palabra y las acciones hablan por sí solas, pero asumir un mutismo impertérrito ante desagravios, abusos y reclamos colectivos, podría considerarse, más que prudente, cómplice.
Somos dueños o esclavos de lo que callamos o comunicamos y jugar a dar tiempo al tiempo ya no parece una apuesta segura, por lo que solo esperamos que se nos cumpla de palabra y obra en lo que resta de este mes, para que finalmente se rompa el silencio soberano.
