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25 de marzo 2026
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OpiniónElvis ValoyElvis Valoy

Sin bajar la guardia

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RESUMEN

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“Tan solo después que el último árbol sea derribado, el último pez muerto, el último río sea envenenado, ustedes se darán cuenta que el dinero no se come”

-Pensamiento de un indígena del Amazonas-

 Los seres humanos han sido crueles con la naturaleza, y en ese triste camino hacia la destrucción de la flora y la fauna, han empeorado los accidentes atmosféricos, los cuales con el paso del tiempo se han hecho más poderoso y letales, afectando a los pueblos más humildes e indefensos.    

 El asesino huracán Irma salió de nuestro territorio, y a pesar de que decenas de hogares en las provincias María Trinidad Sánchez y Samaná,  fueron destruidos por la furia de sus vendabales, el país no tuvo ninguna muerte que lamentar.

 La secuela de destrucción y muerte dejada por este homicida fenómeno atmosférico de la naturaleza tras su paso por El Caribe,en donde más de 20 personas fueron víctimas de sus endemoniados torbellinos, demuestra que el trayecto de estos abominables y odiados visitantes no puede de ninguna manera tomarnos desprevenidos, evitando en todo momento la imprudencia.

 Debemos solidarizarnos con nuestros hermanos y hermanas de las Antillas Menores, principalmente de las islas Antigua y Barbuda, en donde Irma se ensañó como si fuera el Popol-vuh, o apocalipsis de los Mayas, y prácticamente los dejó en la ruina.  

 El rosario de muertes dejadas por las plúmbeas brisas de los ciclones San Zenón en 1930, David en 1979 y George en 1998, no debe volverse a repetir, pues nuestro pueblo dominicano ya ha hecho conciencia de que debemos prepararnos para soportar estos criminales intrusos que zarandean y abaten  vidas y bienes a su paso. 

 No bien se ha marchado Irma, y en breve tendremos los sopapos inmisericordes e inoportunos del también criminal huracán José, que ya presenta vientos por encima de los 200 kilómetros por hora.

 En este tiempo de huracanes no podemos bajar la guardia ni por un minuto;  agarrémosno  de las manos, y formemos  una muralla que impida  que estos chamer, o dioses de la muerte Maya, que en esta temporada aparecen sin invitarlos, nos vean sucumbir.

 

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