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5 de abril 2026
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OpiniónVerónica BorgesVerónica Borges

Ser antes que parecer

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Hace unos días, un amigo de varios años en medio de una conversación me hizo una pregunta que me dejó pensando y, sin saberlo, abrió la puerta a una mirada hacia atrás. Me dijo: “Has llegado muy lejos en muy poco tiempo, eso es admirable en este campo. ¿Cómo lo hiciste? Creo que algo estoy haciendo mal porque, en tantos años, aún sigo siendo analista y me siento estancado”. En ese momento, solo sonreí y busqué palabras que fueran alentadoras, evitando comparaciones y enfocándome en motivar. Sin embargo, días después, esa conversación seguía rondando mi cabeza. Quizás porque en sus palabras había más de lo que él mismo imaginaba. Quizás alguien más se ha sentido como él… o como yo.

Lo primero que entendí es que cada persona y cada profesional es distinto. Esa diversidad es lo que le da sabor a la vida y emoción a cada día. No somos copias, somos retos vivientes, y por eso no debemos compararnos. También pensé que quizá mi amigo estaba viendo en mí algo que yo misma no había notado, un corto camino recorrido que, en medio de la rutina y las responsabilidades, no siempre se valora. Puede que para los más “grandes” aún soy pequeña, pero para quienes están “empezando”, tal vez ya represento algo grande. Mirar atrás permite reconocer lo avanzado, pero mirar hacia adelante recuerda todo lo que aún falta por conquistar.

De esa reflexión salió algo que hoy quiero compartir, nunca te compares, tu valor no depende de la trayectoria de otros. Eres valioso, tienes un potencial único y no debes dudar de él. Rodéate de las personas correctas, aléjate de quienes no te sumen y, no te distraigas en lo que no te aporta valor. Aprende a poner límites, cuando no puedas controlar lo externo, controla tu conducta. No toleres lo que no está alineado con tus valores ni cedas por miedo. Esa coherencia construye tu identidad profesional y la imagen que los demás perciben de ti.

Otra lección que he aprendido es que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para seguir aprendiendo. La formación constante nos ayuda a mantener una mirada fresca y abierta. Lee, analiza; si las palabras son tu lenguaje, escribe. Si prefieres el diálogo, conversa. Pero nunca te quedes solo con lo que tu mente ha creado: compártelo. Así aportas valor y puedes dejar huellas positivas en los demás. Al final, de eso se trata: de aprender, compartir y trascender.

Hace unos días participé en un webinar extraordinario organizado por la Asociación de Oficiales de Cumplimiento de la República Dominicana, y entre tanta información de valor, el Sr. José De Pool compartió una anécdota que me quedó grabada: aprendió que una certificación solo demuestra que sabes lo mínimo. Más allá de lo jocoso de su relato, fue una verdad que me resonó profundamente. Muchas veces creemos que, por tener X o Y título o certificado, el éxito está garantizado. Y no… nada está asegurado. Lo que sí marca la diferencia es la formación constante, aprender del ensayo y error, y dejar de ver las equivocaciones como fracasos para entenderlas como aprendizajes. Ese cambio de mirada forma personas realmente capaces, resilientes, con tacto; profesionales que podrán afrontar con entereza cualquier camino que les toque recorrer.

No limites tu aprendizaje a lo técnico; explora otros campos, trabaja en tu actitud. Aunque no todo esto lo puedas incluir en tu CV, si suma como profesional y como persona. Y al final, todo influye.

También es muy importante aprender a manejar conflictos y a “levantarse con elegancia” cuando algo no se maneja de forma ética. Saber escuchar sin perder la calma, mantener la humildad incluso con un criterio firme, pedir disculpas cuando corresponde, y ser siempre respetuoso, desde un “buenos días” hasta un “gracias”, sin importar quién esté delante. Aunque no siempre sea fácil, esto evita distracciones y permite avanzar con paz.

La lealtad es otro pilar. Sé leal a ti mismo, a tus valores, a quienes te apoyaron cuando apenas dabas los primeros pasos. Algunos olvidan a esas personas cuando empiezan a avanzar, pero un corazón agradecido abre más puertas que cualquier título.

Al final, dejar huella no se trata de lo que dice un diploma, ni de los años que tengas ejerciendo una función, sino de lo que transmites con tu esencia, tu humildad y tu respeto. Ese día, después de hablar de todo esto, bastó un buen café. Ese día, entendí que la plenitud llega cuando lo que somos inspira a otros a ser mejores.

Por Verónica Borges

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