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18 de enero 2026
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OpiniónJeaysson PérezJeaysson Pérez

Según el panorama político actual de la República Dominicana, ¿Por quién doblan las campanas?

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RESUMEN

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Escribir sobre el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que es la casa de formación política, incluso para políticos que no simpatizan con este partido, nos afianza y nos da el derecho natural de hacerlo, ya que es el lugar del que nos alejamos más por ideas que por gusto.

Nos hemos cansado de decir en múltiples ocasiones que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) murió de éxito. Es justo y atinado declinar de este planteamiento cuando notamos que los sinónimos más reconocidos de éxito son: victoria, triunfo, gloria, fama, consecución, celebridad y notoriedad. En ningún lugar, éxito es sinónimo de displicencia, pereza o derrota. Lo que sí podemos comprobar es que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) olvidó el tipo de principado que cursaba, la forma en que lo adquirió y trabajó para conseguir la forma segura de perderlo.

Pensaron que el poder era una herencia de cuerpo a cuerpo y no una adquisición de ideas, donde el pueblo mira la forma y el fondo.

Sublevaron su reino en momentos en que no podían hacerlo, sabiendo que eso significaría su propia exterminación.

Sabían que habían llegado al gobierno en un momento en que el partido en uno de los lados de dominio veía como un crimen la forma en que se logró modificar la constitución en el año 2016.

Sobreusaron las fuerzas del Estado, al punto de perder la conciencia de cuánto daño hacían y se hacían.

Incumplieron vilmente sus promesas con los 15 acuerdos firmados por el comité político el 29 de mayo de 2015.

Usaron los militares contra sus propios compañeros en las protestas frente al congreso por la no modificación de la constitución. Y restaron valor al odio generalizado que el pueblo empezaba a sentir por ellos, al ver de la manera en que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se manejaba.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) hizo todo lo contrario a lo que manda hacer el político y escritor Nicolás Maquiavelo en su obra «El Príncipe». Y muy probablemente tuvieron la oportunidad de leer el libro, a diferencia de Lorenzo el Magnífico, a quien se lo dedicó el escritor. Pero lo que sí hicieron fue no poner en práctica los códigos que sirven para la actuación correcta y, por consiguiente, la permanencia del poder.

Nuestros amigos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) comenzaron un nefasto camino al fracaso que los despojaría del poder de mala manera y casi para siempre cuando iniciaron ataques pocos días después de ganar las elecciones contra el Dr. Leonel Fernández, cuando el expresidente Danilo Medina se refirió al famoso maletín lleno de facturas y sin dinero el 20 de agosto de 2012.

Las trompetas de la discordia se tocaron en las elecciones del comité central de 2014, donde no solo dividieron entre danilistas y leonelistas a quienes participaron, sino más bien aplastaron con ira y furor a todo aquel que no pertenecía a su litoral político. A partir de ese momento, comenzaron las cancelaciones de los leonelistas que aún ocupaban cargos de poder, y a aquellos que no cancelaban, los obligaban a renunciar mediante escándalos y presiones.

Más adelante, presenciamos entre 2015 y 2016, desde la reunión del 19 de abril de 2015 en Juan Dolio, hasta el momento en que realizaron mil diabluras para lograr una reelección que solo acentuó la división que ya se veía venir.

En las elecciones internas de 2016, violaron todo el proceso de elección, desde alteraciones en los padrones electorales, hasta la violencia en los colegios donde sus candidatos danilistas estaban en desventaja. Quemaron urnas que no les favorecían, cambiaron a sus intermediarios como presidentes, quienes siempre participaron en ellas, e incluso secuestraron actas para cambiar los resultados.

Y ni mencionar las elecciones del 6 de octubre de 2019, donde se fraguó quizás el mayor fraude en la historia electoral dominicana, o las del 15 de marzo de 2020, donde intentaron un fraude en las elecciones municipales. Finalmente, ocurrió lo que ellos mismos no temían el 5 de julio de 2020, porque jamás consideraron la posibilidad de perder.

Hemos visto a un Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que no se recupera y comete error tras error. Estos errores se pueden resumir en las declaraciones de altos miembros de su comité político, restándole importancia a los miles de dirigentes que han abandonado el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), las elecciones donde cambiaron completamente los resultados de la consulta, perjudicando a Margarita Cedeño, y ahora, en su error más reciente, la salida de Francisco Javier García de la jefatura de campaña. Él expone cualidades negativas de un candidato que en lugar de crecer, se disminuye cada día, y por consiguiente, el peligroso error de Abel Martínez, cortando la posibilidad de una alianza. Una alianza que las mismas bases del PLD han implorado, y según los comentarios de la prensa nacional, es apoyada por muchos miembros del comité político del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Evidentemente, y según respetadas encuestadoras, nuestros hermanos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) atraviesan momentos muy difíciles, lo que los acerca cada día más a una descalificación en las elecciones que se encuentran a menos de un año de distancia.

Los lazos de unión entre los compañeros de ambos partidos son más fuertes de lo imaginable, por eso vemos reuniones provinciales que no son oficiales, pero que cada día acrecientan y descubren el sentimiento de hermandad que existe entre los dirigentes del Partido Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Quizás nuestros deseos no deban ni puedan ir más allá de lo que quisiéramos para que el PLD logre manejar su crisis interna y, de esa manera, fortalecer aún más la democracia. Como dijo Ernest Hemingway en su novela: «La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti».

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