RESUMEN
La partidocracia dominicana se encuentra en una etapa eclipsada. A pesar de sus avances en el aspecto comunicacional, el sistema actual muestra signos de agotamiento. La población exige un cambio profundo más allá de los tradicionales ciclos electorales. Se hace urgente una renovación política estructural que recupere la confianza ciudadana y garantice un verdadero desarrollo institucional.
Durante décadas, la política dominicana ha estado marcada por el clientelismo, el populismo y, sobre todo, el caudillismo. Los partidos no han modernizado sus discursos, y muchas veces, el discurso de uno es lo que da paso a la respuesta del otro. Cuando un partido no habla, el otro no responde; no dice nada aun cuando hay cosas que estén mal.
Además de eso, seguimos con esquemas personalistas, estructuras poco transparentes y escasa apertura a nuevos liderazgos. Este modelo ha generado un distanciamiento creciente entre la ciudadanía y el liderazgo político. Y ni hablar de sus consecuencias: Abstención electoral, el desencanto social y la percepción generalizada de corrupción. Evidentemente, estos son síntomas de que la política dominicana necesita reconfigurarse.
La renovación política debe ser entendida como un proceso integral, natural y necesario que involucre a todos los actores del sistema. No se trata simplemente de cambiar rostros o edades, sino de transformar la cultura política y las instituciones que la sostienen. Para lograrlo, es necesario avanzar en tres grandes líneas de acción.
Primero, se requiere un compromiso real con la transparencia y la ética pública; la población tiene quejas contra ciertos partidos políticos financiados por sectores oscuros ligados al narcotráfico. En este sentido, nuestras instituciones partidarias deben fortalecerse para prevenir la corrupción y otros delitos, apercibiéndose de que los recursos que manejan tengan origen lícito y sean administrados con eficiencia y responsabilidad.
La juventud que hoy está ocupando los espacios políticos asegura eso, por la sencilla razón de que no viene manchada con el lastre de la narcopolítica y se está haciendo eco de una nueva forma de activismo basado en gran medida en exponer sus actuaciones a la luz pública y conectar con la gente. Esto último sirve para que el pueblo les fiscalice.
Segundo, debe surgir una concientización de la clase que políticamente está en la tercera edad. Ellos son parte fundamental en el relevo, pues conocen lo que debe hacerse y lo que no. Es por eso que, deben tener vida políticamente activa, pero en el proceso de cesión de la antorcha a ese relevo que se debe posesionar. Y hay dos grandes razones: a) porque es natural que la juventud tome los espacios, lo antinatural es que algunos políticos de la vieja guardia se quieran petrificar; y, b) porque es necesario que quienes tiene la capacidad de conectar las diversas generaciones asuman roles protagónicos en beneficio de la sociedad, por la fuerza de la juventud y la propia vigencia de un liderazgo que emerge. Esto nos lleva a la tercera línea de acción.
Tercero, es imprescindible fomentar una mayor participación ciudadana, especialmente de los jóvenes. La política no puede seguir siendo un terreno exclusivo de élites o grupos cerrados y partidos de cuadros y cuadritos. Se necesita abrir espacios de participación desde las bases, promover liderazgos emergentes y formar nuevas generaciones en valores democráticos, justicia social y compromiso con sus territorios.
El momento en que nos encontramos representa una oportunidad invaluable para construir una democracia más sólida, participativa y justa. Pero, el cambio no debe venir solo desde arriba. La ciudadanía tiene un rol clave en la fiscalización, en la exigencia permanente y en la construcción de una nueva cultura política basada en la promoción de su dignidad, el respeto y cuidado del bien común.
La República Dominicana no puede seguir postergando las transformaciones que demanda la nueva era. La renovación política en lo municipal, congresual y presidencial no es un lujo ni una estrategia de campaña, es una transición impostergable para poder garantizar un futuro sostenible, equilibrado y verdaderamente democrático. Joven, ¡únete a la renovación política!
Por: Gilberto Bastardo.
