RESUMEN
Justo en vísperas del nacimiento del niño Jesús, el profesor levantaba la estrella, la cual guiaría por el camino Central, izquierdo y correcto a un grupo de personas movidas por el interés de aportar sus fuerzas, conocimientos e incluso sus vidas si fuera necesario, para lo que entendían era la causa que conduciría a la República Dominicana por un nuevo y seguro camino.
La estrella se encumbró en lo más alto del cielo y brilló como diamantes acariciados por delicados rayos de sol.
No solo les permitió guiar a un grupo de compañeros, sino también guiar a la República Dominicana, otorgándole cinco victorias electorales, las cuales pudieron haber sido seis de no haber sido por una elección fraudulenta debido a la torpeza.
Estos triunfos llevaron efectivamente al país por un sendero de desarrollo y estabilidad. El propósito del profesor de completar la obra de Juan Pablo Duarte se encaminaba; consistía en lograr una Patria libre, soberana e independiente, donde imperara el respeto a la dignidad humana.
Fue tanta la lucha y el empeño del profesor, que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tuvo el grandioso honor de ser considerado el mejor partido en Latinoamérica de los últimos tiempos.
Se hizo costumbre servir a ese digno partido para, consecuentemente, servirle al pueblo dominicano, creando así una escuela de pensamientos que le concedía el título del partido más preparado y el partido en el que más se cultivaban las ideas importantes para el planeamiento de la construcción de una mejor nación.
El profesor, luego de ser víctima de uno de los golpes más atroces a la democracia dominicana, desde este nuevo partido, estuvo aspirando a la presidencia de la República Dominicana desde 1978 hasta 1994, y fue en 1996 cuando, a través del Dr. Leonel Fernández, se obtuvo el triunfo presidencial por primera vez.
A pesar de la continuidad del pensamiento del profesor, aparentemente el honor y el interés abandonaron el palacio un día, cuando algunos compañeros empezaron a tomar conductas sombrías, maliciosas, planificadas y, por qué no decirlo, temerarias. Parecía que la estrella se eclipsaba y que una enfermedad terminal comenzaba lentamente a alojarse en aquella maquinaria que no le faltaba nada, pero donde sus triunfos finales, la envidia, el egocentrismo y el síndrome de Hubris agudizaban más aquella terrible enfermedad.
Como dijo el destacado escritor José Saramago en su obra «Las intermitencias de la muerte»: «es así la vida, va dando con una mano hasta que llega el día que quita todo con la otra». La organización que se elevó junto a la estrella desautorizó la línea organizativa, las bases y el sagrado pensamiento del respetado profesor. Las decisiones las terminó tomando un solo hombre, provocando así que la esencia principal del partido buscara un nuevo rumbo de cara al sol.
Hoy la estrella se ha apagado y la organización está sentada a la orilla de un frío nicho, esperando su último suspiro, y espera ese suspiro con una sonrisa en los labios, al disimulo de un país que siempre los vio indestructibles. Un suspiro final que solo podría detenerse con la sabia decisión de pactar una alianza con La Fuerza del Pueblo.
A las otras organizaciones políticas solo les queda mirarse en este espejo, para que eviten imitar ese comportamiento y la vida no los lleve al mismo padecimiento.
Por: Dr. Jeaysson Pérez
