RESUMEN
Hace varias semanas un suceso bochornoso movió a un profundo reflexionar a toda una sociedad; facultativos de la Salud, legisladores, creadores de opinión, políticos y personalidades, horrorizados buscaban respuestas «lógicas», al hallazgo de un número no claro de cadáveres de neonatos a la entrada de un campo santo.
Más allá del dedo acusador que busca «culpables» y que bajo el «clamor colectivo» con ansias busca «sanciones», desde el primer momento nos abocamos a buscar correctivos; el suceso evidenció la falta de una línea clara y definida que establezca la ruta a seguir, en cuanto al manejo de los cuerpos no retirados en los centros de salud del sistema público.
Se debe reconocer el peso económico que conlleva este proceso a cualquier centro sanitario, sea público o privado.
Cuando no hay reglas definidas cualquier acción queda a juicio o criterio del actuante.
Sería una lástima que luego de la efervescencia del evento y fruto de la rutina propia de una sociedad que dista de la estática, no se haga una revisión profunda y aterrizada de la realidad individual de cada centro hospitalario.
Los Servicios de Patología a nivel del tren público no están funcionando de manera uniforme; hace falta una revisión y estandarización de los servicios de morgues, en todo el sistema; por otro lado, las alcaldías, cómo regentes de los cementerios no están exentas tampoco al tema.
La regulación al manejo, traslado y disposición final de cadáveres no reclamados, tejido biológico y material afín debe tener una ruta definida sin espacio a interpretaciones. Al igual que la Ley General de Autopsias, ya con más de cuatro décadas debe llevarse a la realidad actual.
Entendemos que la rutina y la actualidad cambiante a cada instante no pueden dejar atrás lo que realmente es importante. No esperemos que otro «grillo» con su canto le quite la tranquilidad y la dignidad a un sistema de salud que a pesar de los tropiezos va avanzando.
POR EL DOCTOR JOSÉ MIGUEL CRUZ ARIAS
*El autor es patólogo.
