RESUMEN
Tres elementos básicos deben ser valorados en cuanto al tema del cáncer: prevención, detección temprana y tratamiento.
La palabra cáncer, a pesar de los avances en los métodos de diagnóstico y tratamiento, representa un desafío en cualquier núcleo familiar, sin importar el nivel económico o social, el impacto es considerablemente grande.
La prensa nacional señala que solo en el año 2024, los pagos reportados según la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL), a la atención al paciente oncológico fue de más de 12 mil millones de pesos, a más de 180 mil pacientes, tanto en el régimen Contributivo como en el Subsidiado del Sistema Dominicano de la Seguridad Social.
Los datos arrojados, señalan el impacto en las finanzas del Sistema de la Seguridad Social, pero no dejan reflejada la realidad total del padeciendo; la atención en salud de los pacientes que, de manera privada, sin cobertura de un Plan de Salud, no se reflejan, al igual que esos números no incluyen el copago realizado por parte del paciente que recibe la atención, que en el mejor de los casos puede ser de un veinte por ciento de lo reportado.
A pesar de los Programas de Promoción, Prevención, Detección Temprana y Tratamiento que las autoridades rectoras del Sistema de Salud Pública han desarrollado y reforzado, el impacto sigue latente.
Entidades como el cáncer de cuello uterino, que representa una de las primeras tres causas de muerte por cáncer en la población femenina, a pesar de los programas de tamizaje y los avances en cuanto a la cobertura de la vacunación en la población diana, siguen llegando pacientes a demandar atención en estadios avanzados de la enfermedad, lo cual se traduce en tres factores: falla de la paciente en demandar atención temprana, falla del facultativo en el tamizaje o falla en el diagnóstico certero.
Un paciente en un estadio avanzado, demanda una mayor cantidad de recursos económicos y no siempre puede llegar a una curación efectiva.
Más allá de lo económico, está el impacto al núcleo familiar, el padeciendo de una enfermedad neoplásica en una familia, conlleva muchas veces a la quiebra emocional de esta, el manejo en el entorno familiar no se mide pero tiene relevancia; muchas veces el enfermo es quien sostiene económicamente la familia, pero también el lado afectivo debe valorarse.
La mortalidad reportada en la Región de las Américas, para el año 2020 fue de 1.4 millones de personas, la OMS sitúa hacia el 2019 una tasa de 115.7 muertes por cien mil habitantes, datos relevantes a pesar del subregistro imperante en las estadísticas de Latinoamérica.
El país no cuenta con un Registro Nacional de Tumores que relate los números reales de la entidad, a pesar de que las autoridades de Salud Pública han anunciado que se tiene ya preparado el inicio definitivo de dicho elemento de vital importancia en el manejo de esta enfermedad.
Por ejemplo, el cáncer infantil, en nuestro país se han desarrollado políticas tendentes a capacitar al personal de salud en la identificación de signos de alerta temprana, así como reforzamiento a las Unidades de Diagnóstico y tratamiento, hechos que impactan de manera directa y positiva en el manejo del cáncer en edades pediátricas, los datos dicen que a nivel mundial la mortalidad en infantoadolescentes es de 4.1 por cien mil habitantes y en Latinoamérica sube a 4.8 por cien mil habitantes. En República Dominicana se diagnostican casi 500 casos cada año.
Más allá del juego matemático de las estadísticas está el problema que representa esta entidad, que muchas veces no es evitable, pero con un diagnóstico adecuado y temprano, manejo correcto puede mitigarse su brutal impacto.
POR JOSÉ MIGUEL CRUZ-ARIAS
