No te desenfoques buscando el aplauso de la gente

Por Rebeca Olivet martes 5 de mayo, 2020
Muchos de los grandes genios de la humanidad fueron tildados como locos cuando sus ideas o creencias fueron escuchadas por primera vez. Años atrás pensaríamos muy diferente de como lo hacemos hoy acerca de ciertos temas. Recuerdo que el pastor Yiye Ávila hizo muy popular su opinión sobre la televisión, diciendo que era un instrumento de Satanás y que era malo. Años después sus mensajes se emiten por redes nacionales e internacionales de televisión, y aunque, ciertamente, la televisión puede llegar a ser un enemigo de la fe, el mismo Yiye se convenció de que podría ser un medio de bendición si Dios estaba presente.
La iglesia Católica castigaba duramente, bajo el calificativo de herejes, a las personas que aseguraban que la Tierra era redonda, sin embargo, hoy no les queda más remedio que aceptar lo que es simplemente una verdad universal. De la misma manera, muchos te van a tildar de loco o no estarán de acuerdo sobre la forma en que piensas, en cómo te vistes o en lo que crees, incluso, te juzgarán conforme a sus valores y visión particulares. No olvidemos que Jesús fue acusado de ser hijo de Satanás por hacer milagros, cuánto más a ti que eres una simple oveja seguidora de Cristo.
El ser humano tiene una necesidad social importante, las personas quieren ser amadas y aceptadas, sin embargo, este principio de aceptación pública no debería ser el motor que nos mueve, la aprobación de los demás no debe ser un aliciente para hacer las cosas. Nuestra motivación debe estar sustentada en la roca de lo que es esencial para Dios y bueno para el prójimo, y no en el aplauso de la gente que representa a  los fariseos de los tiempos modernos, cuyos corazones están lejos del Altísimo, al igual que aquellos en su tiempo. Los fariseos estaban movidos por agradar la religiosidad de las personas que les rodeaban, por satisfacer el legalismo y las formalidades rampantes de su época, pero nosotros no debemos viajar al pasado, reproduciendo falsas verdades, como que la Tierra es plana porque así lo cree la mayoría, o decir que los tatuajes son pecados porque la iglesia tradicional siempre ha creído esto, en fin, sería vivir en una farsa feliz a costa de nuestro verdadero gozo.
Recuerdo una persona cercana que siempre se molestaba conmigo por mis opiniones disruptivas sobre ciertos temas, esta persona quería que yo fuera alguien que no soy, para satisfacer sus cánones sociales y religiosos. A pesar de ello, no me permití desenfocarme de mi cosmovisión para inclinarme servilmente a la opinión ajena, mas bien, con los años su testarudez se rindió a la verdad, lo que también la hizo alguien más humilde y tolerante. Mientras tanto, yo me enfoqué en agradar a Dios y no a los hombres, y hoy puedo decir con certeza que Dios ha sido fiel y no sin pena he visto caer a aquellos que se pensaron infalibles, a los que miro con compasión porque así como Pablo estuvo equivocado y se reivindicó en el Señor, muchos podrían dejar de ser como los fariseos y tomar el camino correcto.
No debemos desenfocarnos de nuestras metas y propósitos, no importan las circunstancias, los señalamientos o los comentarios de los demás. Lo importante es saber que estamos haciendo todas las cosas como si fueran para el Señor, con una clara convicción de que triunfaremos. Mientras más revolucionario seas más personas te juzgarán y te acusaran de extraviado o loco, pero Dios y el tiempo te exaltarán cuando fuere el tiempo. Entretanto, humildemente sigue tu camino enfocado en tus propósitos, cree en ti y no cedas al aplauso efímero de los hombre, busca satisfacer al Señor en todo y el será tu deleite.
 Por Rebeca Olivet

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