Navegando la oportunidad del Onshoring

Por Arturo López Valerio miércoles 17 de agosto, 2022

A medida que la pandemia de Covid-19, la guerra rusa contra Ucrania y las crecientes tensiones entre China y Estados Unidos han expuesto brutalmente las vulnerabilidades de las cadenas de suministro altamente globalizadas, cada vez más empresas están reconsiderando su posición, tratando de acortar las cadenas de suministro y traer producción en casa o al menos más cerca, siempre que sea posible (y financieramente factible).

Si bien palabras de moda como “onshoring”, “reshoring” o “nearshoring” comenzaron a aparecer en más y más llamadas de ganancias al comienzo de la pandemia, muchos expertos pensaron que la emoción de traer la producción de vuelta a casa sería de corta duración, al igual que la propia pandemia.

Sin embargo, el coronavirus resultó ser mucho más difícil de contener de lo que muchos esperaban originalmente. Y, con el aumento de las tensiones geopolíticas y la persistencia de las interrupciones en la cadena de suministro global, la tendencia de la relocalización está muy viva.

Según las transcripciones realizadas por Bloomberg de las llamadas y presentaciones de ganancias de las empresas de EE. UU., el “onshoring” es un término de moda, utilizándose con más frecuencia que nunca este año, superando el nivel observado en los primeros días de la pandemia. Y no son solo palabras, tampoco.

El onshoring es el proceso de abastecimiento o reubicación de las operaciones de producción de una empresa dentro de las fronteras nacionales. Hasta la década de 1980, la deslocalización era el statu quo, y la mayoría de las empresas mantenían sus operaciones de fabricación en su país de origen.

Según una encuesta de UBS a ejecutivos de C-suite, el 90% de los encuestados dijo que su empresa estaba en proceso o considerando trasladar la producción fuera de China, y alrededor del 80% dijo que estaba considerando traer parte de la producción a los Estados Unidos.

Si bien los costos de envío más altos asociados con el exceso de demanda y los crecientes costos del combustible podrían funcionar a favor de un retorno masivo a la producción nacional, la fortaleza del dólar está tirando en la dirección opuesta, ya que hace que la mano de obra y otros factores de producción sean relativamente más caros en los Estados Unidos.

Otro factor importante es la relocalización de empleos a los países de origen, conocida como “reshoring”, según el Reshoring Initiative 2021 Data Report, China alcanzó la mayor cantidad de trabajos relocalizados acumulados entre 2010 y 2021, alcanzando la cifra de 59,643 empleos. México quedó en segundo lugar global reportando 28,347 empleos perdidos.

También hay que considerar que no solo porque la guerra enredó aún más el comercio mundial y se sumó al aumento de los costos de flete, sino porque China podría intentar un movimiento similar a Rusia en Taiwán. Y de la misma manera que el negocio terminó para la mayoría de las empresas occidentales en Rusia, también podría terminar en China.

De repente, ese telón de fondo geopolítico benigno que había ayudado a animar a tantos ejecutivos a globalizar sus operaciones durante las últimas décadas se está desvaneciendo.

Una capa adicional es el retorno del trabajo remoto al presencial en nuestra región. Según Deloitte, debido a la crisis sanitaria, más de la mitad de las empresas consultadas en el Reporte de Resiliencia CAM y Dominicana indicó tener entre el 75 y el 100 por ciento de su fuerza laboral operando de forma remota. El retorno implica un retroceso a la cifra 57 por ciento antes de la pandemia de COVID-19.

Esto implica un panorama interesante para las expectativas a corto y mediano plazo para la República Dominicana como destino de “nearshoring” físico, tomando en cuenta los paquetes de estímulo presentados por la administración Biden este mes, que hacen más atractiva la idea a las empresas estadounidenses para “quedarse en su país” y generar empleos.

De repente, nuestro patio tiene un nuevo estímulo que las políticas públicas no diseñaron. Es momento para aprovecharlo.

 

Por: Arturo López Valerio

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