RESUMEN
Ayer miércoles 14 de mayo, el presidente Luis Abinader se reunió con los expresidentes vivos de la República Dominicana para tratar uno de los temas más delicados y complejos que enfrenta el país: la migración y, de manera inevitable, la relación con Haití. Esta reunión fue una oportunidad para definir el enfoque que la nación tomará frente a este desafío, pero también plantea una interrogante crucial: ¿seremos patriotas o nacionalistas?
La diferencia entre ambos conceptos es profunda. El patriotismo es el amor a la patria, pero un amor sano, que no necesita menospreciar a otras naciones. Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria, afirmó:
«Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos2.
Esta frase nos llama a un amor a la patria que no excluye, sino que une.
En cambio, el nacionalismo es una visión excluyente. No es simplemente amar lo propio, sino colocarlo por encima de todo, muchas veces a costa de rechazar lo ajeno. Esto se refleja en ideas que promueven la superioridad de una raza o cultura sobre otras, justificando la discriminación y el rechazo.
La historia ha demostrado que el nacionalismo mal entendido puede llevar a conflictos, discriminación y división. Por eso, la República Dominicana debe optar por el patriotismo, un amor firme pero justo, una defensa de la soberanía que respete a los demás sin perder su identidad.
El país necesita un liderazgo que sea firme en la defensa de su soberanía, pero también justo y consciente de su papel en la región. La reunión de ayer fue un momento crucial para decidir si nuestra política migratoria se guiará por el amor a la patria o por el miedo y el rechazo al otro. La historia juzgará la elección que hagamos.
Por: Luiyi Espinosa.
