RESUMEN
Si hay un negocio bien concebido y ultra rentable en el mercado deportivo, ese es el futbol. Esta disciplina es la que domina al mundo. La Federación y Asociación Internacional de Futbol, la todopoderosa FIFA, tiene más países afiliados que la ONU. Las luminarias de esa práctica deportiva son las noticias en todo el orbe. Cuando la mega estrella brasileña Neymar pasó al equipo París Saint Germain, y el jugoso contrato que antecedió ese traspaso, puso todos los ojos del mundo deportivo en el delantero que ha hecho más famoso su nombre que su padre.
Sin embargo, hay otros deportes que han situado muy bien en términos mercadológicos a sus franquicias, y su manejo en la búsqueda diaria de consumidores no admite errores. La marca deportiva Yankees de New York ni siquiera tomó en cuenta nombrar a Alex Rodríguez como manager de la novena del Bronx, pues de seguro ponderaron que de hacerlo, iban a fortalecer el sello empresarial del propio Alex, y no a su producto construido, y que le ha costado muchos años de posicionarlo, como lo es los Yankees.
El deporte es un mega negocio que mueve miles de millones de dólares diariamente en todo el globo terráqueo. La cotización en la bolsa de valores de conjunto de futbol americano, los Dallas Cowboy, estimada en 4200 millones de dólares, la de Manchester United, que supera los 3600 millones de dólares, el equipo futbolístico Barcelona con más de 3400 millones de dólares, lo han logrado obra y gracias al descomunal mercadeo que realizan estos establecimientos deportivos en el mundo actual.
A pesar de que el deporte es una mercancía apetecible y que reporta pingues beneficios, para que eso se convierta en una realidad, se requiere de un buen manejo mercadológico.
En el caso del mercadeo en nuestro béisbol demuestra gran conocimiento en la materia, pero que igualmente por instantes pareciera que existen altibajos en la venta de ese producto de consumo masivo.
Nuestra pelota, como también la norteamericana, es un deporte que debe ser dirigido y consumido por la familia, y partiendo de esa realidad cualquier agente extraño a ese marco de público, es un adefesio y una sinrazón. Todo el espectro beisbolero requiere enmarcarse en los códigos hogareños, lo que hace que cualquier mensaje que se salga de esos parámetros sea un elemento ajeno, y por ende anacrónico e impropio.
En esa dinámica mercadotécnica de nuestros cinco equipos de la pelota otoño-invernal se colige un gran manejo profesional de la compra y venta de los torneos.
Uno de los equipos que nunca rompe ese molde lo es los Toros del Este. Esta novena beisbolística realiza su transmisión amena y sana, y su difusión de los iconos de su ciudad, La Romana, en donde en pleno partido se resalta la nota de un ferrocarril del Central Romana que pasa por detrás del estadio, y en la cual también los narradores exaltan la limpieza de esa demarcación, dándole un toque diferente a la transmisión, y adheriéndole valor agregado a su marca deportiva. Los Toros cuentan con un mercado apetecible para cualquier equipo, pues La Romana es una de las provincias con un fuerte dinamismo económico, y con una de las tasas de desempleo menor en todo el país.
En el Este también están las Estrellas Orientales, conjunto al cual no le ayuda su cercanía con La Romana y la caterva de años sin ganar un campeonato. Alguien podría poner el ejemplo de Chicago Cubs, equipo de la MLB que se mantuvo por más de medio siglo sin ganar una Serie Mundial, pero que sin embargo no les importó a sus seguidores, que con entusiasmo le llenaron su estadio durante todo ese tiempo.
Empero, la ciudad de Chicago tiene innumerables entretenimientos deportivos a los cuales la fanaticada asiste religiosamente, haciendo esos negocios rentables económicamente. Esta metrópolis del estado de Illinois cuenta con dos equipos de béisbol, uno de baloncesto, uno de futbol americano, uno de futbol (soccer), y uno de hockey.
Yéndonos al Cibao están las Aguilas Cibaeñas, equipo que es un gran negocio por esa fanaticada entusiasta y participativa, y con ese simple activo, tienen las Aguilas para ser lo rentables que son. Si a eso se le agrega la millonaria publicidad, entonces es que los beneficios son inconmensurables.
El mercadeo de Las Aguilas es acertado, aunque por momentos deben evitar que algunas de sus figuras produzcan notas discordantes, como la del pelotero Luis Polonia, que aunque se disculpó por el exabrupto, nunca debió pasar por alto que es una estampa deportiva de ese conjunto, y seguido con frenesí por parte de nuestra niñez que le encanta ese juego.
Los Leones del Escogido realizan un loable esfuerzo por levantar esa franquicia, que estuvo abandonada a su suerte por mucho tiempo. La gerencia escarlata le viene inyectando inversiones a ese conjunto, que en sus años de oro llegó a dominar el desaparecido City Champ de La Capital y abarrotar el estadio Quisqueya, siendo inolvidable la rivalidad Licey-Escogido, una de las favoritas del béisbol de los años setenta.
Terminado este torneo en donde resultaron victoriosas las Aguilas Cibaeñas, los dueños del equipo rojo capitalino parecen embarcarse en cambios que permitan el resurgimiento de esa marca empresarial, tratando de recuperarse y reconquistar a su fanaticada, la cual está mayoritariamente conformada por la clase media y alta de las zonas urbanas. El Escogido necesita ganar como mínimo tres torneo consecutivos, para que su gente vuelva a consumir ese producto.
Los Gigantes del Cibao van por buen camino, a pesar de que el mercado franco macorisano no es muy grande, y que también a ratos, las Aguilas Cibaeñas, le conquistan parte de su público.
En cuanto a los gloriosos Tigres del Licey, esta novena junto a las Aguilas Cibaeñas representan el gran negocio del béisbol dominicano. El solo hecho de anunciar un enfrentamiento entre estos dos equipos, todos los establecimientos se abarrotan, y la contienda se convierte en un verdadero “toque de queda” de la ciudadanía que sigue pie juntilla esos partidos. Estas dos franquicias indiscutiblemente simbolizan el negocio más rentable de la pelota nuestra.
Pero el mercadeo del Licey mostró falencias en este último torneo, cuando todo el equipo fue sustituido por un narrador animador, y su parafernalia, sus logos, jugadores, mística, etc., fue suplantada por un locutor. Esas narraciones eclipsaron los jonrones de Juan Francisco, los batazos oportunos de Yack Maikol Navarro, las buenas jugadas de Anderson Hernández, la gorra azul, las firmas de pelotas en el estadio, etc. El animador iba más a los programas de televisión y de radio, y la gente personalizó al equipo en ese comentarista, que la difusión del equipo en su totalidad, pasando todo el conjunto azul completamente a un tercer plano.
