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13 de enero 2026
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OpiniónVilma Yolanda BatistaVilma Yolanda Batista

Master class de vida

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La música y la vida comparten un hilo invisible ya que ambas avanzan siempre hacia adelante.

Hay aprendizajes que nos llegan en el momento oportuno y se convierten en auténticas clases de vida. Así fue la clase magistral ofrecida por el maestro Michel Camilo en el Teatro Nacional Eduardo Brito, en el marco de Berklee Santo Domingo 2026, una experiencia que resonó mucho más allá de las teclas del piano.

Camilo, apodado con justicia “el huracán del Caribe”, no vino solo a tocar. Vino a compartir su filosofía y a recordarnos cuán primordial es encontrar nuestro sonido, entendido como esa voz auténtica que nos distingue y que resulta tan esencial como encontrar el propósito en la vida y la música. Ese sonido único que no surge del temor, sino de la esencia, de abrirnos, de arriesgarnos a abrazar lo nuevo.

Para mí, hablar del sonido propio no solo aplica como cualidad artística; también funciona como una poderosa metáfora del ser auténtica. Es la fuerza que nos impulsa a no mirar atrás por lo que no salió bien, sino a seguir adelante con ilusión e intención.

En su amena disertación, el maestro nos envolvió con la cercanía, afabilidad, sencillez y sinceridad que lo caracterizan. Grande entre los grandes, no hablaba de perfección, sino de entregar emociones, de transmitir energía, de improvisar con sentido y de sobreponernos con serenidad porque “si hoy falla una nota, mañana hay otro concierto”.

Con más de 20 años vinculado a la prestigiosa academia Berklee y una exitosa carrera internacional como baladista y jazzista por excelencia, su planteamiento fue profundo y revelador. Nos recordó que la verdadera grandeza se alcanza con el abandono del ego y que todo fluye mejor cuando se construyen relaciones desde la confianza, la complicidad y la admiración mutua. Ese es, sin duda, el espíritu del verdadero artista y del verdadero ser humano.

El compositor de Caribe nos hizo un llamado claro a improvisar pero manteniendo el foco en lo importante. A liderar y formar parte de equipos dispuestos a crecer juntos, porque nadie crece en solitario. A prepararnos para tocar en todos los tonos que nos presentan los cambios en la armonía de nuestra existencia manteniendo siempre el positivismo y la esperanza.

Y así, mientras la música, las anécdotas y la buena vibra llenaban la sala Carlos Piantini, también lo hacía una lección que quedará en la memoria de los que fuimos parte con su exhortación de abrazar nuestro sonido con valentía y confiar en que el mundo, a su tiempo, estará listo para recibirlo, entenderlo y disfrutarlo.

Una clase magistral para músicos noveles y una master class para la vida.


Por Vilma Yolanda Batista

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