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5 de abril 2026
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La oposición dominicana

Después de la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la URSS y el fin del Bloque Este, se inició el proceso de desgaste de las ideologías en todo el mundo, acontecimiento anunciado anteriormente por los filósofos y sociólogos de la época. A final del pasado siglo, en la República Dominicana tres líderes marcaron […]

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RESUMEN

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Después de la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la URSS y el fin del Bloque Este, se inició el proceso de desgaste de las ideologías en todo el mundo, acontecimiento anunciado anteriormente por los filósofos y sociólogos de la época. A final del pasado siglo, en la República Dominicana tres líderes marcaron un antes y un después en las ideologías políticas vigentes: las diferencias de enfoque ideológico entre Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. Cada uno con particularidades que les permitían distinguirse uno del otro y conservar la simpatía y el entusiasmo de los militantes de sus respectivos partidos. El PLD, el PRSC y el PRD se han mantenido desde la década de los 90 como los partidos en los cuales se siente representada la mayoría de la población electoral. Una realidad que al día de hoy se mantiene vigente.

El destacado economista y politólogo Moises Naím, en su libro «El fin del Poder», establece que en el siglo XXI «el poder es más fácil de adquirir, más fácil de utilizar y más fácil de perder». La globalización, el acceso a internet y el uso de los medios de comunicación y las redes sociales que nos han introducido a un nuevo concepto de democracia, han impactado de manera directa en el quehacer político. Hoy en día la ciudadanía es más educada y está más informada, está constituida por personas de mayor criterio y exigencias, que aspiran a soluciones concretas a sus problemas y que a la vez promueven el desarrollo humano sostenible.

En la actualidad no hay espacios para la improvisación y mucho menos en los partidos políticos. El accionar político debe basarse en un proyecto de sociedad coherente, con fortalezas, debilidades, oportunidades y herramientas de cambio identificadas, alimentadas por hombres con vocación de ayuda y servicio a los demás.

Los gobiernos que cuentan con una valoración positiva son aquellos cuyas obras, logros y estrategias influyen más que cualquier declaración de la oposición. En el caso del pueblo dominicano, él mismo supo cerrarle el paso al «camino malo», eligiendo de forma democrática sus presidentes y ejerciendo el voto de forma libre y soberana.

Si bien es cierto que la democracia contribuye a mejorar la calidad de vida de los dominicanos, cada una de las elecciones es una cruzada entre el progreso y el retroceso. Si el retroceso llegara nuevamente a dirigir nuestro país estaríamos poniendo en peligro el futuro de nuestra Patria y exponiéndola al miedo, la desesperanza, la improvisación y división política, que en aquel entonces la caracterizaron. Esto porque quien no unifica a su partido, no puede unificar a un país para llevar a cabo un proyecto de Nación.

De otro lado sigue estando el progreso, que bajo los preceptos de unidad, esperanza, equidad, democracia y libertad, logra garantizar la seguridad, la inversión extranjera, el empleo, la educación y todo lo necesario para una vida mejor y de calidad.

En la era en que vivimos, donde predominan el marketing político y la Política 2.0, las antiguas ideologías de los partidos terminan ocupando un lugar secundario: el votante escoge al candidato de su preferencia tomando en cuenta factores como su carisma, su estrategia y sus propuestas. Esto podría compararse al desgaste ideológico de que hablábamos al comienzo. Además, es importante citar las reglas de Las Tres «ies»: Interesar, Informar, Implicar (dar participación a todos), que el candidato debe conocer y aplicar, sin olvidar que para ganar cuando ya se está en el gobierno se requiere de un buen candidato, una estrategia eficaz y un gobierno sólido.

Algunos partidos han convertido a la más noble de las ciencias en una competencia tosca, pareciendo muchas veces una «pelea de patio» o un duelo a muerte. El pasado fin de semana, una vez más el PRD apareció en las primeras planas de los medios, y no por sus propuestas o buenas noticias, sino por sus conflictos internos. Con o sin intenciones, Hipólito Mejía y Miguel Vargas han sembrado odio en su partido político a través de su radicalismo. El PRD-PPH mantiene ofendido al país y humilla todos los días a su propia base, omitiendo el debate de las ideas que debe reinar en toda contienda electoral, imponiendo la violencia e impregnando pánico y terror en su dirigencia.

Ambas corrientes perredeístas se mantienen vociferando los problemas de la República Dominicana, pero ninguno aporta un plan con el objetivo de resolver tales males. El más extremo es el ex-presidente Mejía: según él, todas sus derrotas, la división de su partido y los males del país se deben a terceros. Parece no entender que no basta con echarle la culpa al actual gobierno y a los líderes del Partido de la Liberación Dominicana, ya que si su partido sigue promoviendo la violencia, la conspiración, el rencor y el disgusto en lugar de avanzar propuestas contundentes, seguirá perdiendo.

La oposición(PRD-PPH) es presa de su propia estrategia equivocada de ver todo como una catástrofe. Pareciera que la oposición se alegra de los males del país en vez de plantear soluciones: se limitan a hablar de males, problemáticas y panoramas oscuros, son vistos como unos «AntiTODO» y «ProNADA», como si sufrieran de una extraña enfermedad mental que los hace creer dueños absolutos de la verdad.

La ideología del PRD se llama «autodestrucción», y los intereses de sus dirigentes son particulares y no colectivos. Tenemos una oposición totalmente desconectada, que se caracteriza por sus discursos vacíos y frívolos, que insulta, degrada y que todo lo lleva a lo personal.

Solo una oposición sin alternativas cree que la única alternativa es ella. Un ejemplo de esto son los «líderes» del nuevo Partido Mayoritario, que atacaron a Guido Gómez por inscribirse en la Convención y «hacerle el juego a Miguel Vargas», para luego terminar defendiéndolo.

Otro caso que nos sorprende es el del líder emergente de ese nuevo partido, Luis Abinader, quien pareciera estar dando tumbos: un día es PRM, otro día PRD. En física nos enseñan que un cuerpo no puede ocupar dos lugares en el espacio, por lo que es más que oportuno que defina su posición cuanto antes: ¿Cuál es su partido? Sin olvidar aquel refrán que reza «quien no sabe para donde va, ya llegó»…

Felipe González, ex-presidente español, una vez afirmó: «Estar en el poder desgasta, pero estar en la oposición desgasta mucho más». El PLD va rumbo a los 12 años de manera consecutiva gobernando, del otro lado tenemos una oposición con un discurso de los años 70′, que no ha asimilado que el Estado se ha transformado y han evolucionado las ideas y exigencias de la población. La oposición no ha entendido aún que se necesitan líderes que no se limite ha realizar criticas sin hacer un compromiso con el pueblo generando propuestas que alimenten esperanzas; que no se limite a manejar temas de Estado como si fueran bromas. Hoy es necesaria una oposición justa y comprometida, que jamás base sus discursos en el sicariato moral, para desvirtuar a su oponente.

Otro tipo de oposición la realizan unos grupos sociales que se hacen llamar «independientes», pero todo el mundo sabe por quién o quiénes son dirigidos: muchos se dejan utilizar por sectores políticos. Causan bastante ruido pero se limitan al uso irresponsable de las redes sociales. Sin intención de restarle méritos a estas formidables herramientas, es prudente reconocer que la mayoría de estas protestas nunca suben a un escalón más alto que Facebook, no hay un enfrentamiento » face to face o cara a cara» con los demás, y por más que sepan «Polituitear», nunca logran diseñar estrategias para contribuir con el concepto de nación que ellos mismos plantean debe existir.

Muchos de los participantes en estas actividades no tienen la menor idea de lo que dicen: todas las campañas son por moda, y aunque lo que proclaman lo hacen con una convicción conmovedora, estos grupos pierden credibilidad de manera fácil. Lo atribuimos a dos razones: la primera es que no se ganan votos a través de campañas desacreditadoras, y la segunda es que usan la bandera anticorrupción y la honestidad como lema de campaña, cuando la honestidad es un deber del político y no una virtud.

En conclusión, los partidos políticos no son patrimonio exclusivo de sus militantes organizados: son patrimonios del sistema democrático con claras responsabilidades, que comprometen a sus militantes cada día con el presente y futuro del país.

En el proceso electoral de cara al 2016 hay que prestar atención y saber distinguir quien critica el sistema y hace promesas vagas de quien plantea verdaderas soluciones. Invitamos a que todos los partidos promuevan una gestión en que las causas ciudadanas sean prioridad, apegados a lo que por ley se ha establecido como agenda prioritaria de nación, convirtiéndola en la agenda del Partido. Así contribuiremos al fortalecimiento de la democracia, la libertad, la justicia social, el progreso y la equidad en la República Dominicana.

«No se trata de ganar elecciones se trata de ganarse el corazón de la gente»

Jorge Feliz Pacheco

@JFelizPacheco