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16 de enero 2026
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OpiniónRafael Sención GilRafael Sención Gil

La Música Clásica, Las Mujeres y el Amor

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RESUMEN

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Con la presentación de la obra Carmina Burana del compositor alemán Carl Orff, fue clausurada el pasado 31 de octubre la Temporada Sinfónica 2018.

Dirigida con la maestría y la pasión a que tiene acostumbrado al público el maestro José Antonio Molina, director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, constituyó un cierre majestuoso para una temporada que habiéndose iniciado el 8 de agosto con una noche dedicada al músico ruso Peter Tchaikovsky, fue sumamente exitosa.

Una novedad que se introdujo fue que la empresa patrocinadora estableció como meta ampliar el alcance de la música clásica. Para tales fines transmitió en vivo los conciertos de apertura y de clausura desplegando una campaña educativa en sus redes sociales. Incluyó según las reseñas periodísticas, breves cápsulas sobre la Orquesta Sinfónica Nacional, sus músicos y su historia.

Ojalá y esta campaña para dar a conocer la música clásica pueda derribar algunos prejuicios que existen en nuestro país. Ideas tales como que para escuchar y disfrutar la música clásica se necesita de un amplio bagaje intelectual o que dicho gusto corresponde a determinado nivel económico o social.

Incluso el término música culta que tan a menudo se utiliza, contribuye en nuestro medio dar cierto matiz de elitismo y, por consiguiente, aleja una parte de la población de su  disfrute.

Tampoco creo en la falsa dicotomía que se establece entre el gusto por la música popular y la música clásica. No hay razón para que sean consideradas mutuamente excluyentes. El disfrute de algunas de ella dependerá de las circunstancias tanto personales como ambientales.

Diversos estudios han demostrado los beneficios que proporciona a los seres humanos escuchar música clásica.  Según refiere una publicación de la Fundación Beethoven, estudios efectuados por la Universidad de Toronto indican que escuchar música clásica podría combatir el insomnio, asegurando que: “los ritmos y patrones tonales de este tipo de música crean un estado de ánimo meditativo y unas ondas cerebrales lentas, lo cual ayuda a dormirse más rápido”.  Otros estudios han demostrado que escuchar música clásica ayuda a reducir el stress y la ansiedad.

En mi caso particular me gusta elucubrar que si las almas pueden migrar a través de las edades,  en diferentes cuerpos habitar, como algunas teorías filosóficas suelen afirmar, Entonces alguna vez vi a Chopin en la sala de George Sand su nocturno en C menor agudo tocar y  Beethoven en un bar Vienés con sus amigos libar o en su estudio  en las partituras de la novena Sinfonía trabajar.  En Beethoven mi admiración trasciende su música celestial hasta llegar a su misántropa soledad.

La verdad es que no puedo ningún instrumento tocar, una partitura interpretar o los movimientos de un director musical descifrar. Solo sé la música clásica amar. Es como en relación a las mujeres decía Oscar Wilde, más que comprender solo hay que amar.

 

Por: Rafael Sención Gil

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