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15 de enero 2026
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OpiniónRafael Sención GilRafael Sención Gil

La maldad en la economía

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

En nuestro artículo anterior titulado: “La economía dominicana: crecimiento con estabilidad.” Hacíamos referencia al informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el cual se estimaba el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la República Dominicana en un 5.7% para el año que transcurre.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, estima que la economía dominicana crecerá 5.1% este año y que los precios al consumidor  (inflación) se incrementarán un 1.4%

Durante la apertura del Foro de Finanzas e Inversión del Caribe organizado por la revista  Latinfinance, el gobernador del Banco Central de la República Dominicana Héctor Valdez Albizu informó que en el primer trimestre del año 2019 la economía dominicana experimentó una expansión del PIB real de 5.7% con una inflación acumulada de 0.86%, es decir menor al 1%. Expresó, también, que la inversión de origen privado ha crecido más de 10%  durante seis trimestres consecutivos.

Por su parte Donald Guerrero  ministro de hacienda de la República Dominicana, al agotar su participación en el mencionado foro, declaró que la estabilidad macroeconómica, las políticas públicas y la posible aprobación del marco legal para las alianzas público-privada abren la oportunidad para la inversión.

De manera, pues,  que las cifras ofrecidas por el  gobierno dominicano, relacionadas  al desempeño de nuestra economía en el   primer trimestre del año  vienen a confirmar los pronósticos de  los organismos internacionales.

Aunque todavía existe una gran desigualdad social en la República Dominicana, como en la mayoría de los países en vías de desarrollo, una auditoría visual de la sociedad dominicana en sus diferentes estratos puede revelarnos como ese crecimiento con estabilidad  ha beneficiado a todas las capas sociales,  tanto a las acaudaladas como a los sectores populares.

La expansión experimentada de las grandes cadenas de tiendas, supermercados, restaurantes y otros tipos de negocios, así  como la  afluencia de  clientes que a cualquier hora del día observamos en estos establecimientos, nos da una idea de cómo ha mejorado el poder adquisitivo de la población dominicana.

Un crecimiento con una baja  inflación  y aumento del empleo, ha  permitido al sector bancario  otorgar  préstamos a  tasas de interés atractivas para la  adquisición de viviendas y automóviles  a sectores de clase media como nunca  se había experimentado.

El  crecimiento económico también se refleja en la inversión en gasto social que  realiza el  gobierno. En el área de la salud, con la modernización y equipamiento de los hospitales públicos y mejora en la atención a   los pacientes. En el área de educación donde a los estudiantes no sólo se les suministra libros y uniformes, sino también una alimentación balanceada  la cual  suple una parte importante de sus necesidades nutricionales diarias.

Otro gran avance en la lucha contra la pobreza es el Sistema Único de beneficiarios, mejor  conocido como tarjeta solidaridad,  subsidio directo que beneficia a más de 800,000 personas,  asignándole una cantidad  de dinero  que permiten a los beneficiarios la adquisición de productos alimenticios.

Algunos entusiastas se refieren al caso dominicano como un milagro económico.  Pero esa afirmación carece de fundamento.  Pues  tal y como  afirmara  el economista austriaco Ludwig Von Mises: “En políticas económicas no hay milagros. La recuperación económica no proviene de un milagro, viene de la adopción y como  resultado de sanas políticas económicas”.

Sin embargo a pesar de los informes y las  evidencias palpables, sectores de la oposición y  aquellos cínicamente autoproclamados analistas independientes, aseguran que la estabilidad y el crecimiento económico del país solo benefician a la clase rica,  no así a las grandes mayorías.

Parecería que existe, según su teoría,  una especie de maldad intrínseca en la economía. La cual crece, generando empleos, mejora en la salud, educación y vivienda, pero no beneficia a las mayorías.

Pero la maldad no está en la economía, sino en la incapacidad de una oposición que no puede presentar, en los períodos en  que les ha tocado gobernar,  resultados similares y  que solo confía para captar simpatías, en  promesas  burdas y  demagógicas en las cuales la población dominicana no confía.

Por: Rafael Sención Gil

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