La delincuencia le tumba el pulso a la autoridad

Por Rigoberto Bello viernes 24 de marzo, 2017

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Los hechos violentos registrados en el país en los últimos días, dan la sensación en la ciudadanía, de que los delincuentes son la verdadera autoridad en las calles.

Tal planteamiento, para algunos que quizás nunca han sido víctimas de un asalto violento, podría parecer algo exagerado, pero por el contrario, retrata de manera fehaciente la situación de inseguridad que vive a diario el ciudadano de a pie.

Ser víctima de un atraco, se está volviendo una costumbre, ya que a cada momento se escucha a un amigo, vecino o a cualquier persona decir, me atracaron unos carajitos que andaban en un motor. Nadie está a salvo ni seguro, pero nadie hace nada.

Todo el mundo lo sabe (el Ministro de Interior y Policía, el Director de la Policía Nacional, los Jueces, los Organismos de Inteligencia del Estado, el mismo Presidente de la República, la Oposición política, los Empresarios, las iglesias en sus diferentes manifestaciones y credo, pero nadie hace nada, mientras la gente de trabajo sufre las consecuencias de las muertes, atracos y todo tipo de violencia, perpetradas por dos o tres violentos que no pueden, ni deben vivir en sociedad.

Lo que ocurre, es que no se toman medidas preventivas y la autoridad reacciona luego que ocurren los hechos, que en muchas ocasiones llegan a ser fatales para las víctimas y sus familias.

Aunque la cura resulte más dura que la enfermedad, las autoridades deben comenzar a dar respuestas contundentes y enfrentar a los malhechores en el terreno que elijan, pues si es necesario utilizar la fuerza o violencia del Estado para buscarlos, ya sea hasta por las hojas de los palos, el fondo del mar o al mismo centro de la tierra, pero la población debe encontrar sosiego al precio que sea.

El problema es, que los malos sabiendo que no les va a pasar nada siguen en sus andanzas, y en ocasiones consiguen adhesión de la misma autoridad policial, y ni se diga de los jueces que los ponen en libertad por cualquier tontería, alegando dizque una mala instrumentación de un expediente.

Los atracos y muertes violentas dejan secuelas permanentes en las víctimas y sus familias, son como heridas profundas que no son fáciles de borrar con terapias psicológicas.

Lo penoso de todo esto, es que en el Palacio lo sabe hasta el gato, y no orientan al Primer Mandatario, para que desarrolle una política de cero tolerancia contra los verdugos.

De seguir así en poco tiempo no tendremos país, se alejarán las inversionistas, pues nadie quiere invertir sus recursos en países inviables.

Las autoridades se están dejando robar el país de los delincuentes y hacen muy poco o prácticamente nada para revertir esa situación, pues usted no está seguro ni en su propia casa.

Es un secreto a voces que la gran mayoría de los atracos y muertes las ocasionan asaltantes desde motocicletas, más sin embargo no se entiende por qué no se puede prohibir que dos jóvenes con perfiles delincuenciales se les impida desplazarse en una moto.

Lo que estamos viendo hoy en nuestra amada Quisqueya, ya ocurrió en los hermanos países de Colombia y México y miren a ver cuáles han sido las consecuencias, porque las autoridades de esas naciones no actuaron a tiempo.

Ojala que la pesadilla de los atracos violentos no toque la puerta de un alto funcionario, para que el gobierno reaccione de cómo se siente la gente cuando pierde en manos de la delincuencia a uno de sus seres queridos.

Recientemente me dijo un amigo, tan buen trabajo que en términos económicos viene realizando el Presidente, pero al parecer no reacciona, y no se da cuenta que los violentos van a terminar robándole el país.

Acaso no saben en el gobierno que la seguridad ciudadana es un asunto de seguridad nacional, aunque algunos no quieran verlo así.

Por esa razón, al no existir una política de Estado definida para enfrentar la delincuencia, se ponen parches y paños tibios, o se inventan operativos, que solo llevan la intriga entre los funcionarios del área, que al perecer solo les interesa granjearse protagonismo.

El inventar unos operativos cocinados al vapor, son meros paliativos para marear a la gente que ya no cree en eso.

Lo que se requieren son respuestas contundentes para ponerle freno a esta desgracia de la violencia callejera.

Que hagan lo que tengan que hacer para enfrentar ese terrible mal, ya que la gente sensata los va a apoyar, pero lo que no se debe permitir es que los delincuentes sean los amos y señores de las calles, y no exista una mano fuerte que le ponga el cascabel al gato.

Se debe rediseñar una política de seguridad del Estado que incorpore a la justicia, la policía, los organismos de inteligencia y todo aquel que pueda aportar, para ver si de esta manera la delincuencia no le tumba el pulso a la autoridad.

 

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