La amiga que me robó la felicidad

Por Jean Carlos Santos

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Permítanme contarles sobre la amiga que me robó la felicidad. Recuerdo que al principio no era una relación a la que le diera mucha importancia, ella me visitaba ocasionalmente, durante esos encuentros nunca supe cuáles eran sus verdaderas intenciones hasta que fue demasiado tarde. Por lo general, aparecía después de eventos aislados, como discusiones con mi pareja o familiares cercanos. Durante esas visitas me acompañaba en la soledad, me hacía reflexionar, en ocasiones hasta me reprochaba, y ya cuando me sentía mejor, desaparecía.

Sin embargo, cuando perdí mi empleo comencé a verla más a menudo, me convenció de que si estábamos l@s dos sol@s me sentiría mejor, que si me alejaba de las demás personas nadie podría herirme otra vez.

Las personas trataban de advertirme, pero no escuché, ella se había convertido en mi única amiga. Sin darme cuenta, sus reproches eran cada vez más intensos, me decía que no servía para nada, que era una persona horrible y a veces, hasta se atrevía a decir que este mundo estaría mejor sin mí. Comencé a perder el apetito y las actividades que antes disfrutaba ya no me causaban placer, en ese momento inició una sensación intensa de vacío en mi pecho. Había días en los que no tenía fuerzas para salir de mi casa, en ocasiones, ni siquiera para pararme de la cama. A veces pasaba toda la noche llorando sin poder dormir y otras veces dormía casi todo el día y durante todo ese tiempo, ella estuvo ahí.

Cuando la sensación de vacío en mi pecho se hizo insoportable, esa supuesta amiga me tendió su mano, me convenció de que el único camino para evitar sentir ese malestar emocional era dejando de existir. Fue entonces cuando, motivad@ por ella, decidí terminar con mi vida.

Una noche mientras todos dormían, con las pocas energías que tenía, pasé del pensamiento a la acción… Ya acostad@ en la cama junto a mi amiga, en el momento que dejé de sentir mi cuerpo, supe que había cometido un grave error, la sensación de vacío seguía conmigo y ya nunca me dejaría. Mientras mis ojos se cerraban y respiraba por última vez, pude ver quién era mi amiga en realidad… Ella era el vacío, ella era Depresión.

Esta historia describe una de las tantas formas sutiles en que la depresión, poco a poco, comienza a instalarse en la vida de las personas y termina robando la felicidad a quien la padece, al igual que a sus seres queridos. Cuando se esta atravesando por un período depresivo es recomendable asistir a un profesional de salud mental que nos pueda acompañar.

 

Por Jean Carlos Santos

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