Lo último del título de este artículo, “calladito te ves más bonito”, no necesariamente aplica para todos, pero hay ocasiones en las que, sinceramente, es mejor quedarse callado que hablar por hablar o inventar soluciones que carecen de fundamento. Porque, si algo hemos aprendido en este país, es que muchas veces el silencio es preferible a las propuestas improvisadas y a las ocurrencias que se quieren imponer desde un escritorio, sin conocer la realidad que vivimos a diario.
En los últimos días hemos visto cómo el gobierno dominicano ha decidido, una vez más, implementar medidas “innovadoras” para resolver los problemas del tránsito y la seguridad vial en nuestra ciudad capital. Lo preocupante es que, en lugar de consultar a quienes enfrentamos el caos cotidiano, han optado por apoyarse en personas extranjeras que, con todo respeto, no comprenden la complejidad de nuestras calles ni la idiosincrasia de quienes aquí habitamos.
¿Han experimentado ellos alguna vez lo que significa transitar por una calle donde los vehículos están estacionados en ambos lados, dejando apenas un carril disponible? ¿Saben lo que implica esquivar camiones descargando mercancía en los colmados, fruteros o vendedores ambulantes ocupando medio carril, o camiones concreteros y de materiales ferreteros descargando en plena vía? ¿Han tenido que lidiar con vehículos averiados que permanecen días enteros obstaculizando el tránsito? La respuesta, evidentemente, es no.
En nuestro país, las soluciones genéricas o importadas no funcionan. Para que los cambios sean efectivos, es imprescindible consultar a los expertos que residen aquí, que conocen de primera mano la dinámica de nuestras calles y la cultura de nuestra gente.
Otro aspecto preocupante son los nuevos horarios que se han establecido para el sector público. Ahora se pretende que los empleados entren a las 7 de la mañana. Surge entonces la pregunta: ¿quién llevará a los niños al colegio si los padres tienen que estar en la oficina a esa hora? ¿Quién los recogerá si los padres salen tarde? ¿O acaso el gobierno tiene previsto ofrecer soluciones para estas familias?
El verdadero problema no radica en los horarios ni en las medidas que solo buscan protagonismo mediático. El mayor desafío es la falta de una política seria y sostenida en materia de seguridad vial, un tema que sigue siendo el talón de Aquiles de nuestras calles, avenidas y carreteras. No se trata de improvisar, sino de atacar el problema de raíz, con propuestas realistas y adaptadas a nuestra realidad.
Es lamentable que el turismo, una de las principales fuentes de ingreso para nuestro país, se vea afectado por la falta de atención a este tema. Los visitantes no buscan aventuras en el tráfico, sino disfrutar de nuestras bellezas naturales, cultura y hospitalidad. Sin embargo, lo que encuentran muchas veces es un desorden vial que pone en riesgo su experiencia y seguridad.
En conclusión, menos improvisaciones y más consulta a quienes conocen la realidad dominicana. Porque, en este país, calladito te ves más bonito solo si no tienes nada constructivo que aportar; lo que realmente embellece a la República Dominicana es un tránsito ordenado, seguro y pensado para todos los ciudadanos.
Por Fernando Luis Rodríguez Ballista
