El amor es paciente, es bondadoso.
El amor no es envidioso, ni jactancioso ni orgulloso.
No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
El amor no se deleita en maldad, sino que se regocija con la verdad.
Todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y jamás se extingue.
Vivimos en tiempos donde si nos dejamos el relativismo y las injusticias nos arropan hasta envolvernos en un velo que nubla nuestra capacidad y deseo de amarnos, así como nos exhorta primera de Corintios.
El verdadero amor es un lujo reservado para los que con el alma, corazón y vida están dispuestos a experimentar el amor más grande, ese que solo se alcanza cuando se da de manera incondicional.
