RESUMEN
Lo más difícil es ponerse en el lugar del otro, debido al individualismo innato que nos acompaña inherentemente. Ponerse en la piel del otro es el primer camino que debemos tomar para comprender su vida, sus motivos, sus hechos y pensamientos, y así poder aceptarlos y amarlos, y si no, por lo menos entenderlos en su esencia.
“Hoy quiero hacer el ejercicio de ponerme en los zapatos de Luis Abinader, al ver las presiones y exigencias de quienes ya les cumplió en su primer período, próximo a finalizar, pero que todavía pretenden seguir forzando para que el presidente continúe con el ‘gobierno de ellos’ y no con el que Luis sueña para dejar un legado trascendente”.
En el primer gobierno de Luis Abinader puede que involuntariamente haya habido una tardanza en la concepción, planificación, desarrollo y ejecución de su propia agenda presidencial, por haberse encontrado con intereses tradicionales y otros nuevos, con los que ha tenido que jugar al equilibrista para poder gobernar.
Como empresario he podido darme cuenta que mantener y prosperar una empresa no es una tarea fácil, pues requiere agudeza, trabajo constante, decisiones difíciles y estructuras internas que a veces actúan solapadamente contra los objetivos propuestos.

Y extrapolando mi situación a la escala nacional, a la gran empresa de dirigir un país, con sus marañas de intereses y de grupos de presión, con sus problemas viejos y nuevos, con los ataques y las incomprensiones adrede de la oposición para acorralarlo y hacerlo fracasar, me doy cuenta de las espinas dentro del zapato con las que el amigo Abinader camina.
Si le agregamos las difíciles crisis internacionales que nos golpean directa e indirectamente como olas tormentosas, debemos dar gracias de tener un capitán como Luis, que mantiene la calma y la previsión en la conducción de una nave a la que llamamos nación.
Por eso, a veces creo que nuestro joven mandatario, que hoy celebra su cumpleaños número 57, y a quien aprovecho para excederle mis felicitaciones, disipa los desafíos que se ciernen sobre sus zapatos con el apoyo inquebrantable de su familia.
De ahí, que como amigo desinteresado que he sido y soy del presidente, no pido nada más que lo dejen gobernar tranquilo, para construir y legar a las presentes y futuras generaciones una justicia independiente, una reforma constitucional que salde cuentas pendientes que retrancan el desarrollo del país y así logre se consolide una democracia institucional que no pueda ser desvirtuada.
Anhelo que dejen a nuestro jefe de Estado desarrollar las políticas públicas que irán en beneficio de la Patria y no las estrategias privadas de grupos minoritarios que buscan sacar provecho.
Autor: Alejandro Asmar
