El Malecón de Santo Domingo es uno de los emblemáticos lugares con que se identifica a la ciudad primada de América, siendo este uno de los más amplios, cómodos y bellos de la región.
Hace meses se oficializó el relanzamiento de este espacio por la Alcaldía y como parte de la agenda con que inició el presente mandato del Alcalde David Collado, mismo que tuvo que manejar la crisis de drenaje de las aguas por el paso de la tormenta Beryl, que generó el cumulo extraordinario de basura y plásticos en el litoral Sur de la capital de Quisquella.
La visión de ver nuestro amado Malecón asombrosamente vejado por la falta de ciudadanía responsable y cultura de reciclaje, se convirtió en vergüenza ajena cuando las principales agencias de prensa internacionales junto con los medios de comunicación y figuras nacionales e internacionales se hicieron eco de esta realidad vía las enérgicas redes sociales, sumándose al llamado a la conciencia mundial del daño medioambiental que generamos, lo que a la corta o a la larga cobrará con creces su factura global.
Todas las declaraciones apuntan a presentar a las costas dominicanas como una catástrofe ecológica permanente, aunque en las redes oficiales de la Alcaldía del Distrito Nacional tenemos registro del proceso antes, durante y después que «evidencia» que este desastre fue contenido en su momento, gracias a la movilización público-privada y la suma de voluntarios que dijeron presentes.
No hay que correr ningún estudio sofisticado para saber el impacto a la imagen y posicionamiento de la República Dominicana como país y en especial como destino turístico de alto reconocimiento por las hermosas y certificadas playas, algunas Bandera Azul, quedando la inquietud de si el Malecón no tiene quien le escriba todavía a la espera de que entidades oficiales emitan una posición país sobre este particular por aquello de que el calla, otorga.
Por Vilma Yolanda Batista
