ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
28 de marzo 2026
logo
OpiniónFrancisco S. CruzFrancisco S. Cruz

El “guardián de la Constitución”: ¿qué haría?

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

El expresidente Leonel Fernández que fue capaz de hacer oposición, dura, rabiosa y feraz, a su propio partido y gobierno -2016-2020 en defensa de su Constitución 2010. Y en esa correrías -con motoconchistas, trapecistas y maromeros- le agregó lo del “fraude”-primarias -octubre, 2019-. Incluso, bajo ese resabio-encono -y por otras razones estratégicas-, se alió y apoyó, con su feudo-partido (FP), al PRM (2020). Ahora que, de nuevo, el presidente Luis Abinader retoma el tema de una reforma constitucional para hacer posible la figura de fiscal-procurador independiente (para mi necesario -a excepción de excluir políticos-), el país está expectante ante lo que el expresidente hará, pues si con su partido y gobierno fue de protestas y denuncias, ¿qué no hará ahora? Nos imaginamos, que “ardera Troya”. Eso estaría por verse… (pero no me haría muchas ilusiones, al respecto).

Y es sencillo o lógico, pensarlo así, pues el expresidente, a su conveniencia, entiende que la Constitución “No se toca” por entenderla (¿?) como un lienzo pétreo o sagrado al que solo se puede tocar en “ciertas coyunturas” o transcurrido un tiempo prudente; aunque, como en su caso (2010), haya que desoír opiniones de compiladores que supieron, vía consultas ciudadanas, que el modelo de aspiraciones presidenciales intercaladas (descanso uno y vuelvo el otro) era una suerte de consagración de reeleccionismo-continuismo disfrazado, o mejor dicho, una “fábrica de presidentes” de un solo modelo.

Contrario a esa visión -interesada- del expresidente, entendemos que las constituciones, ¡todas!, son construcciones históricas-políticas y culturales que responden a un nivel de desarrollo sociopolítico-institucional de cada sociedad en particular; y desde otra forma, a la visión, de largo alcance y previsiones, de sus líderes. Y por ello, no hay Constitución que escape a ese doble racero histórico-político. De modo que no hay que temerle a una reforma; y más, si se pacta antes de consumarla. ¿Cuál es el miedo o temor? Y más en un país donde ningún presidente contemporáneo no la ha manoseado -o sentado un precedente sociopolítico (Juan Bosch-1963); o, al menos, intentarlo.

Auto-arrogarse el derecho político de proponer y realizar una reforma constitucional, en ninguna circunstancia, puede ser patente de un líder; pues tal exclusividad habla, mas que de una sociedad democrática, de una autocracia donde esa potestad o determinación política está supeditada o reservada a una figura o cacique omnímodo. Y esa exclusividad, si fuese reconocerse, a un líder o dios terrenal, sería una iluminación, en todo caso, castradora, pues, implicaría, guardar-posponer, hasta su desaparición biológica, el goce de una sociedad abierta y plural. Y eso, que, quien escribe, definió, al expresidente, en algún momento, como el más democrático y preclaro de nuestros líderes.

Suerte que, si la mayoría en el Congreso decide una reforma constitucional, previo un pacto, no habrá “guardián” -que ya fue tres veces presidente-, por más que brinque y patalee, que la detenga. Sin embargo, creo que, a excepción de no eliminar el 50+1 (ni rehabilitar, al menos por ahora, al expresidente Danilo Medina, pues esos dos agregados enviarían un mensaje de trueque político-electoral nada ingenuo o de burla ciudadana), una reforma para consignar el fiscal-procurador independiente, vale. Además, la oposición, sensata y no ofuscada (o de libreto), estaría contribuyendo al establecimiento de un ministerio publico menos politizado.

Al fiscal independiente, solo agregaría, un zar anticorrupción cuya función y acción no podría limitarse, por 5 años, a perseguir y someter los actos de corrupción de una sola administración sino abarcar varias y de variopintos espectros políticos. Solo así, pondríamos fin a la lucha anticorrupción cíclica o de retaliación.

Por Francisco S. Cruz

Comenta