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25 de marzo 2026
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OpiniónPABLO LUGO ADAMESPABLO LUGO ADAMES

El desafío de crecer sin destruir el entorno que nos sostiene 

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RESUMEN

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“El desarrollo sostenible no es una opción, sino una condición imprescindible para la supervivencia de la sociedad moderna.”

Dice mi gran profesor de doctorado en gestión integral de riesgos y protección civil, el colombiano Gustavo Wilches-Chaux, que cuando dos personas se sientan en un escritorio a hablar de negocios y desarrollo, hay una tercera silla en la mesa y que con frecuencias no escuchamos su voz, la Naturaleza (el medio ambiente), la cual al ser ignorada en sus planteamientos, actúa por si sola y en reclamos de sus derechos a participar, toma medidas contra aquellos que transgreden su espacio sin ningún tipo de respecto. 

El planteamiento anterior es respaldado por otro científico de la vulnerabilidad social el británico Allan  Lavell cuando en sus cátedras estableció que la amenaza mayor de riesgos al planeta son los humanos y no los fenómenos naturales, muestra de ello son las cifras presentadas por el Informe Global sobre desplazamiento Interno 2025. Esta décima edición del Informe Global sobre Desplazamiento Interno (GRID, por sus siglas en inglés) vuelve a presentar cifras récord, con una estimación mundial de 83,4 millones de personas viviendo en situación de desplazamiento interno a finales de 2024, más del doble de la cifra registrada en el primer GRID hace una década. Los conflictos y la violencia han dejado a 73,5 millones de personas desplazadas internamente y los desastres 9,8 millones, en ambos casos las cifras más altas registrada. 

El avanzar al desarrollo es legítimo de esta y todas las generaciones que han de venir, pero mientas no existe otro lugar para vivir como el planeta tierra, el desafió mayor de los humanos es preservarlo sin dejar de avanzar, como lo establece la economista británica  Kate Raworth, un modelo de desarrollo sostenible que busca satisfacer las necesidades básicas de todas las personas sin superar los límites ecológicos del planeta. Propone abandonar la obsesión por el crecimiento del PIB y transitar hacia economías regenerativas y distributivas por diseño. Una sostenibilidad integral no es una política empresarial, tampoco un política de Estado, sino un desafío  de la sociedad en su conjunto y aquellos que han tomado la primera línea de acción, son sin dudas  ejemplos viviente del presente y el futuro de una sociedad que busca crecer respetando los ecosistemas como pulmones de toda una nación y es en este grupo que encaja el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo, CODESSD, el cual se encuentra en la puerta de su segunda feria de desarrollo sostenible, el apoyar este tipo de iniciativa es fortalecer la patria de Duarte.

En principio se necesitaron recursos para los que nos dieron la libertad, y surgieron los héroes, hoy se necesitan otros recursos para su protección, y surgen protagonistas como el CODESSD levantando y sosteniendo esa bandera de esperanza. La iniciativa tomada nos conduce a los objetivos del milenio, consagrado en la agenda 20-30, enarbolados por la FEBA (Friends of Ecosystem-based Adaptation), cuando señala que un desarrollo adaptado al ecosistema nos conduce entre otros a los siguientes criterios: a) Reduce las vulnerabilidades sociales y ambientales, b) Genera beneficios sociales en el contexto de la adaptación al cambio climático, c) Restaura, mantiene o mejora la salud ecosistémica, d) Recibe el respaldo de políticas a múltiples niveles y e) Apoya la gobernanza equitativa y mejorar las capacidades. Ahí están las voces o los reclamos de la naturaleza a lo que se refiere Wilches-Chaux.

La importancia de esta segunda feria de sostenibilidad integral y su incidencia en el futuro social de los dominicanos radica en el abordaje o modelo de vivir e invertir hoy con una visión de futuro próspero, es decir enfocado en las necesidades actuales, sin comprometer las oportunidades de las generaciones venideras. El reto es aún mayor, por la condición geográfica de la República Dominicana de compartir una isla con un ecosistema gravemente afectado, en ese sentido fortalecer una política de modelo resiliente o desarrollo responsable no es suficiente y se necesita crear y mantener una cultura social de equilibrio ambiental, porque no se trata de crecer económicamente respetando el medio ambiente, sino de la supervivencia de nuestra sociedad y su aporte a una región y un mundo cada vez más dependiente de la naturaleza. En donde lo países ricos consumen 6 veces más recursos y generan 10 veces más impactos climáticos que los países de ingreso bajo. 

Este modelo de desarrollo no depende de lideres mundiales, nacionales o locales, sino del empoderamiento de todas y cada una de las personas físicas, sociales o jurídicas que velan por un presente y futuro más prospero, inclusivo y resiliente. El hombre y la naturaleza, avanzando juntos como dos hermanos siameses, es la garantía de una vida humana más justa y prospera y a la vez reduce la vulnerabilidad social y con ello evitar o minimizar los efectos de eventos adversos de fenómenos naturales, antrópicos y tecnológicos que ponen en riesgo la vida y bienes de las personas.

Más que felicitar al Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD) por esta Segunda Feria de Sostenibilidad, EXPO SOSTENIBLE 2026, corresponde reconocer su compromiso con el futuro de la nación. Escuchar la voz de la naturaleza no es una opción, es una obligación histórica. El desarrollo económico de la República Dominicana no está en discusión; lo que sí está en juego es la forma en que lo construiremos: respetando el equilibrio ambiental y garantizando la sostenibilidad para las generaciones venideras. La naturaleza no es un recurso más, es el socio originario de toda forma de desarrollo, y como toda alianza estratégica, exige respeto, responsabilidad y visión de largo plazo.


Por Pablo Lugo Adames

General ® ERD

Dr. En Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil

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