RESUMEN
Los que nos leen saben que esta columna se ha enfocado en el tránsito, la movilidad y la seguridad vial. Pero hay temas que cruzan transversalmente todo lo que hemos tratado aquí, y el precio de los combustibles es uno de ellos. Sin combustible no hay transporte, sin transporte no hay economía, y sin economía no hay país que funcione. Y lo que está pasando con los combustibles en la República Dominicana merece que le pongamos la lupa.
Durante 38 semanas consecutivas —casi nueve meses— los precios de las gasolinas y el gasoil se mantuvieron congelados. El último ajuste en las gasolinas había sido en septiembre de 2023; el gasoil no se movía desde julio de 2025. Para el dominicano promedio, esa estabilidad se había convertido en algo “normal”. Pero no era así. Lo que la sostenía era un subsidio estatal que, semana tras semana, crecía en silencio.
Y entonces llegó la guerra. La escalada bélica entre Estados Unidos e Israel contra Irán disparó el petróleo. El barril WTI subió un 70% en lo que va de 2026, la mayor interrupción de suministro en la historia petrolera según la Agencia Internacional de Energía, superando los 100 dólares. La República Dominicana importó más de 75 millones de barriles de combustibles en 2024, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes. Con ese nivel de dependencia energética, cualquier aumento sostenido en el precio del barril golpea directamente nuestras finanzas públicas y el bolsillo de cada dominicano. Los números no mienten y no perdonan.
El resultado: en dos semanas consecutivas el Gobierno acumuló RD$15 de aumento por galón. La primera semana (14 al 20 de marzo) subieron RD$5; la segunda (21 al 27 de marzo) otros RD$10. La gasolina premium pasó de 290.10 a 305.10; la regular de
272.50 a 287.50; el gasoil regular de 224.80 a 239.80 y el óptimo de 242.10 a 257.10. El subsidio semanal alcanzó RD$1,702.2 millones, cuando apenas tres semanas atrás era de 188 millones: un salto de más de 800% en menos de un mes. Aplaudimos el esfuerzo de contención, porque sin ese subsidio estaríamos pagando cifras impensables. Pero precisamente porque los recursos son finitos, hay que preguntarse: ¿se están usando bien?
Hay que poner sobre la mesa algo que incomoda. La gasolina premium se mantuvo clavada en RD$290.10 durante dos años y medio. En ese período, el WTI bajó por debajo de los US$65 el barril en varios momentos. ¿Bajaron los precios al consumidor? No. El argumento fue que debían “recuperar” lo subsidiado cuando el petróleo estuvo alto. Es decir, cuando sube, nos dicen que nos protegen; cuando baja, no trasladan la rebaja porque tienen que recuperar. En agosto de 2025 el subsidio semanal era apenas de RD$120 millones, lo que demuestra que había espacio para rebajar precios. No lo hicieron. Mientras tanto, ese colchón financiaba subsidios a sindicatos y asignaciones a sectores privilegiados. No es casualidad que dirigentes del transporte hayan propuesto un “pacto nacional” que obligue a bajar precios cuando el barril descienda, porque históricamente eso no ha ocurrido.
Ahora, el verdadero problema. De cada RD$1,000 que un dominicano gasta en gasolina, aproximadamente RD$326 son impuestos. La Ley 112-00 de Hidrocarburos impone un impuesto selectivo fijo por galón; la Ley 495-06 de Rectificación Tributaria agrega un Ad-Valorem del 16%; y hay cargas adicionales dentro del precio de paridad de importación, como el fondo especial para desarrollo vial y gastos administrativos por ley. La gasolina premium carga un 37.8% en impuestos; la regular un 33.2%; el gasoil óptimo un 25.5%. Una de las estructuras impositivas más elevadas de la región. El combustible ya es caro antes de que el petróleo suba, porque el Estado lo usa como fuente recaudadora. Cuando llega una crisis y tiene que subsidiar, está subsidiando parcialmente los propios impuestos que cobra. Un círculo absurdo: se cobra de más para luego devolver parte de lo cobrado y presentarlo como un sacrificio fiscal. ¿No sería más eficiente reducir la carga impositiva por galón para que el precio baje naturalmente sin necesidad de subsidios tan astronómicos?
Y mientras el ciudadano paga el precio completo con toda su carga impositiva, hay sectores con trato preferencial. Desde 2007, mediante el decreto 677-07, el Gobierno autorizó un programa de compensación de gasoil a las federaciones y organizaciones de transporte. Lo que nació como medida temporal se volvió permanente. Reciben millonesde galones mensuales depositados en tanques de sus propias terminales. El programa ha consumido miles de millones del erario sin mejorar el servicio de transporte. Y lo que muchos sospechan: flotillas reciben combustible con descuento y lo revenden hasta RD$30 más barato, creando competencia desleal contra las estaciones formales. Unsector que opera como empresa privada —con ingresos por pasajes, fletes y cuotas—pero recibe un privilegio que ninguna otra empresa tiene.
A esto se suman asignaciones de combustible a funcionarios e instituciones que no se justifican. El presupuesto contemplaba RD$12,000 millones para subsidios sobre la base de un petróleo a US$65 el barril; ya tuvieron que identificar RD$15,000 millones adicionales. La solución no puede ser solo aumentar el subsidio quemando recursos públicos.
La propuesta tiene dos patas. Primero: revisar la estructura impositiva de la Ley 112-00 y la 495-06, reduciendo la carga por galón en momentos de crisis para que el precio baje estructuralmente, no artificialmente. Segundo: eliminar el programa de combustible subsidiado a sindicatos de transporte, que lleva 19 años sin auditoría real y ha generado un mercado negro de reventa. Si el Gobierno quiere evitar que suba el pasaje, que subsidie directamente al pasajero —como hace con la tarjeta del Metro y la OMSA— no al sindicato.
Las remesas cayeron en febrero a 887.9 millones de dólares, 29.4 millones menos que el año anterior, y la amenaza de un petróleo a 200 dólares el barril achica el margen de maniobra cada día que pasa. No se trata de culpar al Gobierno por una guerra que no inició. Se trata de exigir que ante una crisis que se veía venir, las decisiones sean estructurales y no cosméticas. Bajar impuestos al combustible no es regalar dinero; es dejar de cobrarlo de más. Eliminar privilegios a sindicatos y empresas no es atacar el transporte; es exigir equidad. Y ser transparentes con la ciudadanía sobre cuánto de cada galón es realmente combustible y cuánto son impuestos, no es debilidad; es gobernar con seriedad.
Porque lo que realmente está ardiendo no es el combustible de los carros. Es el bolsillo de los dominicanos que trabajan, producen y pagan impuestos, mientras el sistema sigue premiando los privilegios y castigando al que cumple.
