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3 de abril 2026
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OpiniónMiguel CohnMiguel Cohn

El capital cultural de la diáspora dominicana

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RESUMEN

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Ser diáspora es mucho más que ser un grupo de dominicanos residentes en el exterior. Ser diáspora es abrazar los elementos de la dominicanidad y convertirlos en su principal herramienta de identidad, diferenciación y pertenencia.

 

Es llevar consigo la esencia cultural de un país, transformarla y adaptarla al contexto internacional, sin perder sus raíces. La diáspora es un puente vivo entre el pasado y el presente, entre la tierra natal y el mundo, y su riqueza cultural no solo fortalece a quienes la integran, sino que también enriquece a las comunidades que la reciben.

La diáspora dominicana es una reserva cultural que ha llevado los colores, sonidos y tradiciones de la República Dominicana al rededor del mundo. Desde la música hasta la literatura y el cine, los dominicanos  en el exterior han jugado un papel clave en la preservación y promoción de nuestra identidad cultural, transformándola en un recurso global atractivo y muy rentable.

Uno de los ejemplos más vibrantes de este impacto es la música. El merengue y la bachata, géneros musicales originarios de la República Dominicana, no solo han cruzado fronteras, sino que hoy en día tienen conquistados los corazones y escenarios internacionales.

La bachata, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2019, alcanzó su mayor proyección gracias al desarrollo de exponentes que se hicieron populares desde la diáspora, llevando este género a un nuevo nivel de reconocimiento global.

Mientras tanto el merengue,  símbolo de identidad nacional que conecta generaciones y territorios… ¿Que sería de la Navidad sin que volviera Juanita cargada de lejanía?

Aprovecho para resaltar que el merengue típico merece una atención especial como una expresión auténtica del folklore dominicano, resguardado y potencializado por la diáspora. Con su acordeón, tambora y güira, este subgénero representa la esencia de nuestras raíces cibaeñas, quienes son los pioneros en la construcción de la diáspora.

El Merengue Típico, debería ser reconocido y promovido al nivel de otros géneros globales. Proponerlo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad podría completar un triángulo cultural que destaque nuestra música a nivel mundial.

El impacto de la diáspora no se limita a la música, la gastronomía o el baile. En el ámbito literario, dominicanos como Junot Díaz y Médar de la Cruz,  han sido galardonados con el Premio Pulitzer, mostrando al mundo las complejidades y riquezas de la experiencia migratoria.

En el cine, talentos como Zoe Saldaña, quien recibió un Globo de Oro, continúan demostrando la capacidad de los dominicanos para destacar en industrias competitivas, proyectando una imagen positiva de nuestra cultura.

El caso de Rey Andújar, reconocido escritor, poeta y profesor en universitario en Chicago; este dominicano  radicado en el exterior, utiliza su dominicanidad como emblema. Actualmente es Director de la Dirección de Cultura en el Exterior y pieza escencial en el relanzamiento de la Feria del Libro en República Dominicana. Ha sido clave en la habilitación de cuatro oficinas culturales en el exterior y de generar una diversa oferta de actividades culturales que contribuyen a la promoción internacional de la identidad dominicana.

La diáspora dominicana se convierte en un motor cultural que trasciende fronteras. No solo recrea fragmentos de la República Dominicana, como sus festivales de música y gastronomía, sino que también inspira transformaciones culturales innovadoras, como la incorporación de ritmos dominicanos en fusiones musicales modernas o la adaptación de recetas tradicionales a paladares internacionales. Estas iniciativas impactan positivamente al fortalecimiento del turismo cultural en destinos clave y a posicionar la identidad dominicana en mercados globales.

Para el futuro, es vital fortalecer las iniciativas que promuevan la conexión entre la diáspora y la República Dominicana. Esto incluye la creación de plataformas culturales, eventos internacionales y programas educativos que celebren nuestra herencia y la adapten a nuevas generaciones.

Cada miembro de la diáspora tiene el poder de ser un embajador cultural, y como nación debemos proporcionarles las herramientas para amplificar su impacto. Imaginemos un futuro donde los festivales dominicanos sean referentes mundiales, donde nuestras tradiciones sean estudiadas en universidades extranjeras, y donde la creatividad dominicana sea un motor de cambio y centro de la escena cultural global.

El autor es economista, diplomático de carrera por concurso, profesor universitario de Política Exterior Dominicana, asesor empresarial, experto en políticas públicas y desarrollo institucional y es especialista en diáspora. Miembro CODESSD. cohn.miguel@gmail.com

Por  Miguel Cohn

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