RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – La historia de la empresaria y creadora de Grey Fashion, Grey Padilla, es un ejemplo de perseverancia y fe con el que muchas mujeres pueden identificarse. Antes de alcanzar el éxito que hoy disfruta, enfrentó rechazos, momentos de depresión y puertas cerradas en centros comerciales que no quisieron darle la oportunidad de establecer su tienda.
Padilla recuerda que, a pesar de tener clientas fieles y ropa que gustaba al público, muchas veces, le negaron la entrada a distintos espacios comerciales. Sin embargo, lejos de rendirse, continuó insistiendo.
“Me preguntaba por qué no me dejaban entrar. Si tenía muchas clientas y mi ropa es linda, ¿por qué no me daban la oportunidad?”, relató.
Durante ese proceso, también enfrentaba una fuerte depresión que la consumía emocionalmente.
“Había días en los que amanecía llorando, escuchando prédicas y canciones”, confesó.
La empresaria explicó que en ese momento de su vida se le mezclaron varias situaciones difíciles: problemas personales, conflictos relacionados con sus hijos y complicaciones con el local que había comprado para ubicar su negocio en un mejor punto de venta.
Grey sentía que el mundo estaba en su contra, sin imaginar que, según afirma, Dios tenía un plan mayor para su vida. Fue precisamente en medio de esas dificultades cuando tuvo su encuentro con Cristo.
“Si no me hubiera rendido a los pies de Cristo, hoy no estuviera hablando contigo”, aseguró.
Estas declaraciones las ofreció durante una conversación con la periodista Ana Mercy Otañe, en el programa “A Metro y Medio” de El Nuevo Diario Podcast, donde compartió algunos de los momentos más importantes y sensibles de su vida, tanto en su crecimiento como empresaria como en su desarrollo personal.

Sus inicios
Padilla reveló que antes de tener la gran tienda que posee actualmente, trabajó durante siete años para lograr el éxito que hoy cosecha.
Sus comienzos fueron en una pequeña tienda ubicada en La Puya de Santo Domingo, un sector que quizás no era el ideal para su marca. Sin embargo, ese pequeño local se convirtió en el punto de encuentro con las clientas que poco a poco impulsaron el crecimiento de lo que hoy es una marca reconocida en el país.
Mucho antes de convertirse en empresaria, Grey trabajó en un banco. Sin embargo, su vida laboral comenzó mucho antes, cuando apenas tenía 16 años, experiencia que la formó como una mujer dispuesta a hacer lo necesario para alcanzar sus metas.
Su primer empleo fue en una casa de familia, donde ganaba 350 pesos. A pesar de que el salario era bajo, para ella representaba mucho, porque no solo trabajaba por la necesidad económica, sino también por el deseo de ayudar a su madre y evitar que se esforzara más de la cuenta.
“El amor que siento por mi madre es tan grande que hoy le agradezco todo lo que soy”, expresó.
Como muestra de ese agradecimiento, años después pudo ayudar a su madre a comprar su propia casa.




