ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
5 de abril 2026
logo
OpiniónWilberto Duarte SantanaWilberto Duarte Santana

Cuando la operación se come la rentabilidad

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

“Lo que no se mide, no se puede mejorar.”
— Peter Drucker

 

Muchas empresas creen que, si venden, están bien. Pero vender no siempre significa ganar. En la práctica, hay organizaciones que aumentan ingresos y, aun así, sienten que el dinero nunca alcanza. El problema no suele estar en el mercado, sino en la operación.

Cuando la administración no corrige a tiempo procesos ineficientes, la operación empieza a devorar la rentabilidad. Costos que se normalizan, reprocesos que se vuelven rutina, tiempos muertos que nadie mide. Todo eso reduce el margen sin hacer ruido. La empresa sigue funcionando, pero cada vez con menos oxígeno.

Pensemos en una empresa que celebra cada cierre de mes porque vendió más que el mes anterior. El equipo trabaja más horas, atienden más clientes y emiten más facturas. Sin embargo, al final del mes, la sensación es la misma: el dinero no alcanza. Nada parece estar mal a simple vista, pero algo no encaja. Ahí es donde suele aparecer la confusión: se cree que moverse más es avanzar.

Aquí surge la ilusión del crecimiento. Se factura más, pero se gana menos. La operación se expande sin orden y empieza a consumir los resultados que debería producir. No ocurre de golpe; sucede poco a poco, casi sin notarse.

Y esa es la lección clave. La rentabilidad no se pierde de golpe; se erosiona lentamente, decisión tras decisión, proceso tras proceso. No por grandes errores, sino por pequeñas ineficiencias que se toleran, se repiten y se vuelven normales.

Medir, en este contexto, no es un ejercicio financiero frío. Es una responsabilidad administrativa. Es detenerse a observar si el esfuerzo diario está produciendo resultados reales o sólo cansancio operativo. Es preguntarse con honestidad si lo que hoy se hace sigue teniendo sentido.

Un consejo práctico: cuando una empresa siente que trabaja más y gana menos, el primer paso no es vender más, sino revisar cómo está operando. Simplificar procesos, cuestionar lo que se hace por costumbre y enfocar los recursos en lo esencial suele generar más impacto que cualquier acción apresurada.

La rentabilidad se cuida antes de llegar a los estados financieros. Cada ineficiencia es un impuesto oculto que la empresa paga todos los días, aunque no siempre lo vea reflejado de inmediato en sus números.

Por  Wilberto Duarte Santana 

Comenta